La visión de las cosas desde la tranquilidad de los momentos. Porque el día da instantes para la reflexión.
viernes, 2 de mayo de 2014
Más allá de tus ojos
1 de mayo: Día de...
jueves, 1 de mayo de 2014
El amor se equivocó (V)
miércoles, 30 de abril de 2014
A las borricadas (y II)
(Imagen de la web del Obispado de Cádiz)
Hace tiempo escribí una reflexión que titulé como ahora. Hablaba sobre la exacerbación antirreligiosa que se cebó en una iglesia del siglo XVI -si mal no recuerdo- en Sevilla. Templo o monumento era, sin duda, patrimonio de una ciudad que, en sí, también lo es.
Hoy leo una noticia del arciprestazgo de San Fernando el cual, ante la gravísima situación social y económica de esta ciudad, y con los datos del desempleo calentitos -quemando como una rueda de churros recién sacada del 44, ahí... Junto al ayuntamiento. Sí, sí...-, pues se echa a la calle a reclamar la dignidad que una crisis primero, y dos gobiernos después, cercenaron de muchas hogares.
La medida reivindicativa, muestra como nadie es ajeno a ello (nadie salvo la banca que sigue, tras su salvación por los poderes políticos -y a saber cuáles más- con su papel de potentado prepotente). Puede que no sea, quizás, una forma efectiva para mover esfuerzos por parte de toda una ciudad, pero sí lo es a la hora de hacerla recapacitar sobre que ningún colectivo, ni siquiera ese tan profusamente criticado como es el religioso, en este caso el mismo clero local.
Esto no es política. No hay unas urnas tras esta iniciativa. No existe búsqueda de financiación para empresas. No se requieren créditos para proyectos. Esto es sensibilidad.
¿Que llega tarde tras años en crisis? ¿Quién lo dice? ¿Quién ha logrado algo en este tiempo de incertidumbres? El gobierno recortes y que en Europa no nos den por perdidos, como ocurrió con Grecia, Irlanda, Portugal, Italia -¡Uy! Metió la mano el portero. ¡Bien Draghi, bien!-; los superhéroes que no valen para nada -así tipo Robin de Batman- con puños en alto y capas tricolores que, bueno... En algunos casos, buscaban más portadas que otra cosa, y en otros sí dieron el DO de pecho (y no hablo, en el último caso de los políticos de rojos colores, sino de la gente llana).
A ver... Quien más no hizo algo... ¿La monarquía? ¿Las eléctricas? ¿Los empresarios, normalmente los grandes, que abusaron de la crisis para hacer agosto en cualquier mes a costa de sus empleados? Y me dejo unos pocos más, pero sirvan estos de ejemplo.
San Fernando: 15000 desempleados. Cádiz: la provincia con mayor tasa de parados (no de quietos) de España. Unos políticos que se tiran trastos por cada cosa que discuten. Soluciones que dicen estar, pero no se ven. Un pueblo mendigando a Cáritas -que, además, sale trasquilada por Montoro y defendida -¡ay Dios, baja y mira esto!- por quienes no quieren la Iglesia ni para fotografiarla. Movimientos sociales reclamando el cese de un gobierno -¿ideologizados? ¡No, por favor! No malpensemos. ¿Existe una oposición que quiere sacar jugo al drama? ¡Ay, ay, ay...!-
Esto es hoy lo que vive un país. Lo que sufre una provincia. Lo que padece una ciudad (cualquiera con el 25% de su población desempleada).
Pues aún así, saliendo también a la palestra pública el clero isleño, alzando la voz y la conciencia de propios y ajenos, uniéndose a la exposición de soluciones que ya habían, ejerciendo presión desde donde no se esperaba, apoyado por hermandades y otros grupos que ya llevan tiempo volcados con estas ayudas a los necesitados; como decía, aún así, haciendo lo mismo que otros: gritar contra la injusticia; hay quienes ya han criticado esta actitud.
-"Que los curas se queden dando misa. ¿Qué hace un cura en política".- Despotricaba un comentario en un periódico local
¿Política? Eso es... ¿¡Política!? ¿Unirse al drama social es hacer política? ¡Pues me acabo de quedar a cuadros!
Una borricada más del sinsentido social que España rezuma. Todos los rojos son demonios bohemios de una etapa ya olvidada, y los curas son los amigos de los malvados capitalistas. Suma y sigue 80 años después.
El pueblo sin mirar condición ni credo se expresa en libertad y en unión. Muchos aún deben abrir los ojos y olvidarse de tanto pasado. La crisis ha sido cruel para muchos ciudadanos de a pie, en un grado u otro. Y pedir ayuda, respuestas claras y actuaciones en beneficio del pueblo -sin mermar más aún su decrépita economía-, no es exclusividad de activistas republicanos, ni de posicionamientos políticos de un solo color, ni de anti-sistemas, ni de jóvenes malabaristas con rastras y timbales, ni de usurpadores de propiedades ajenas ni ladrones de supermercados... Es un derecho y una obligación de todos los que, de una forma u otra, conviven día a día con esta penitencia que es fruto de una agonía que dura mucho más allá de una sola semana de pasión.
(Enlace de San Fernando Cofrade)
https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=862851870408289&id=100000504538044
El amor se equivocó (IV)
martes, 29 de abril de 2014
"JARTIBLE COFRADE"
El amor se equivocó (III)
domingo, 27 de abril de 2014
El amor se equivocó (I)
El amor se equivocó (II)
Luna de sueños (secuela de "La luna mordida")
(Mi gratitud a @Vidal_ M_Ostariz por su gran empatía)
Mi firma en Twitter y el regalo de un amigo...
Una frase sacada de la experiencia, el deseo, la desesperanza... Un cúmulo tal de circunstancias que todas caben en esa bola blanca que vemos allá arriba, en el cielo, cada noche.
No son pocas las veces que me he quedado admirándola, absorto, prendido, prendado, robado, embobado... -cualquier adjetivo similar es válido-, y ha sido tanta la paz ante el desasosiego que cualquier problema desaparecía en ese momento.
La luna como un sueño. Es que no creo que pueda describirse de otra forma lo que esa galleta en leche, esa bola de queso, ese mundo para extraterrestres, ese veneno del licántropo, ese reloj para las embarazadas, ese refugio del bohemio, representa para quien queda hipnotizado de su luz prestada por el sol. ¿Qué más da que el sueño se realice o no? Los sueños forman parte de la ilusión, la ilusión parte hacia la esperanza y ésta nos da la felicidad.
En la tristeza de los muchos momentos de nuestra vida, nos faltan estos ingredientes. No podemos evitar la realidad -la cruda realidad muchísimas veces-, pero sí podemos levantar la mirada y perdernos en la inmensidad zaina de un cielo nocturno y allí, como la luz al final de aquél túnel que todos tendremos que recorrer alguna vez, estará ella: la luna. Fíjate, mírala... Te sonríe. Siempre te sonríe.
Alguien me dijo una vez, cuando apenas contaba tres años de edad, al fallecer mi abuela, que ella estaba en aquella bola. Mi imaginación infantil y el amor hacia mi abuela hacía que, cada mañana, me asomara a la ventana de la habitación de mis padres a esperarla. Aguardaba verla estirar una escalera que llegara hasta esa ventana e irme con ella. Pero mientras, me sonreía. Me bastaba con eso.
Bendita niñez...
Hoy, aún sigo mirando esa misma luna. La misma que miraba hace treinta y cinco años, y sigo viendo a mi abuela Teresa. Ya no espero que ella baje, sino llegar yo hasta ella algún día.
Esa luna no quita las penas de mis pesares en este mundo, pero sigue siendo mi lugar de los sueños.
sábado, 26 de abril de 2014
When a bank love a man
miércoles, 23 de abril de 2014
Insufrible humanidad
martes, 22 de abril de 2014
La ultima trepá (a mi hermano Guiri)
–¡Fondo!
La última maniobra del cargador cansado.
La voz para mí del eterno patero del paso de María Santísima de la Soledad se dejaba oír entre los aplausos, fruto de la emotividad del momento. La última orden del capataz reverberaba bajo las escuetas andas de la dolorosa más mimada de La Isla; la que, pasitos cortos y a las bandas, camina tras el fúnebre cortejo de un Cristo yacente.
Sudores de fe abrazados al madero con la cuerda firme de una devoción. Mientras, el revuelo entre lo triste y lo satisfecho viste los muros de la iglesia de cuerpos cansados que se apoyan en ellos buscando alivio; las miradas se pierden entre recuerdos de un Domingo de Ramos a la Madrugá, y se piensa que qué poco dura a veces una semana.
Mientras eso ocurre como parte de la tradición de la madrugada del Sábado Santo, bajo la cruz de ese Calvario que pisa la Señora soleana, una tenue luz amarillenta alumbra aquella brevedad y se adivinan rostros doloridos, palabras quejumbrosas, sonrisas que contradicen esos mismos lamentos en tanto la estancia santa se aligera de las emociones de aquel día, y los pies tumefactos llevan cuerpos –más muertos que vivos- hasta donde el aire se hace bálsamo y llena los pulmones de frescor tras haber padecido el viciado hálito del antifaz penitente.
El lugar también respira. Entre perfumes a nardos y olores al peso de la madera aún cercan el paso los cargadores –sus cargadores- de la Soledad. Unos estiran sus músculos tensados por el esfuerzo, otros departen sobre el terreno, algunos solo contemplaban la escena de la Madre dolorosa que sus hombros mecieron. Dentro del paso aún queda uno de ellos.
Sin prisas, sin nervios por salir de entre aquellas viejas entrañas, en la penumbra de la triste luminaria de aquel armazón, un hombre que se resiste a abandonar su sitio bajo los palos. Con litúrgica parsimonia desanuda el laberinto del cordel que hace trabajar a su almohada. Un nudo, dos nudos, tres... Una vuelta más. Y con cada nudo que deshace recuerda aquellos otros que enlazaba cuando empezaba a tomarle el pulso a la maera.
El sudor de su esfuerzo se hacía lágrima; sabía que esa ofrenda –magulladura en su cuello- no la volvería a realizar.
Cuatro nudos, cinco nudos, seis... Y la última trenzada se desliza entre sus dedos y deja que la prenda de su último martirio, su "almohá", caiga en sus manos. Dura, repujada en cada extremo por el cincel de aquellas cuerdas; aquella herramienta de tortura consentida, querida, anhelada, se convertía en la cruz misma que Jesús abrazó antes de terminar su obra entre fariseos que le alabaron y después escupieron, entre discípulos que llegaron a negarle, entre quienes le tenían el aprecio de quien ayudó.
Con la mirada absorta en las antiestéticas interioridades de aquél altar hecho para ser llevado, una voz le reclama..:
–¿Todo bien?
Él asiente y se incorpora. Un último vistazo sobre aquellos maderos ya desnudos. Alguien levanta el arropo que guardaba su anonimato a cara descubierta, y le tiende la mano. Sorteando la zambrana, su mente le traiciona y le hace rememorar una frase que no volverá a repetir: <<¡Hasta el año que viene, señores!>>. Y una tromba de recuerdos lo desborda.
Aquella última trepá, sintiendo el brazo del compañero agarrando su cintura, animándole con su voz.
–¡Cortito y a las bandas! ¡Acunándola!
Una marcha, Madre mía, mientras empujaba al resto con su corazón en la garganta subiendo las rampas de la Iglesia Mayor. En su retina, la imagen de las caídas moviéndose al compás de aquella nana para la recogía. En su corazón una herida, en su alma una almohada eterna que nunca desatará. En su boca seca la última orden:
–¡Fondo!
(Imágenes de Islapasión)
https://m.youtube.com/watch?v=RD1JP_vywb8
lunes, 21 de abril de 2014
El experimento inconsciente
Ayer noche pude comprobar que la curiosidad humana, a Dios gracias, no tiene límites.
Subí un galimatías en Facebook, mi intención no era hacer ningún estudio de campo. En él, palabras, números, corchetes, swifts... Y como Facebook es tan chivato, observé cómo ese jeroglífico prácticamente ininteligible -quizás, salvo para quien entienda de programación informática- obtuvo mayor número de visualizaciones que cualquiera de mis dos últimos escritos en el blog "En mi opinión" que mantengo en esa red.
Reconozco que me hizo recapacitar. Me corroyó la duda sobre el sentido de las letras o si, quizás, el sinsentido de éstas fuese más atrayente.
A veces se escribe por necesidad, otras por gusto (en mi caso no hay otras motivaciones), pero siempre con el fin de llegar, de expresar y de crear conciencia o debate, aunque las ideas no se compartan; si lo que que te conmueve por dentro y sacas en letras no es capaz de encontrar su sitio, sólo te quedan dos cosas: desistir o insistir.
Si desistes, seguramente, se quede en ti mismo cosas que, en uno u otro momento, debieran conocer otros y, con mucha probabilidad, encerrarías una parte de ti a la que le gustaría seguir volando.
Si insistes, corres el riesgo de cansar. Siempre puedes cambiar el camino de las tintas. Siempre puedes mirar más allá de la loma que cercena el resto de caminos que se abren ante tus pies. Ni la luna puede escapar a ser pinzada entre los dedos de tu imaginación.
No se puede pretender siempre "ser mejor que...", ni hacerse notar en un mundo donde viven más de seis mil millones de personas, ni tan siquiera en una reunión donde compartes vivencias entre veinte más. Caes en el error al pensar que eres único o relevante porque tengas
tal o cuál cualidad -o creas tenerla-, eres especial porque no tienes miedo a exponerla, a darla a conocer, a utilizarla para tu bien interior y, ¿porqué no...? A lo mejor para el bien de otros.domingo, 20 de abril de 2014
Esperando otro Domingo de Ramos
Ya se nos escapa.
Ya la vivimos al 99%. Faltaba hoy.
Desde ahora mismo, todos echaremos en falta las prisas para salir y dar el encuentro a cualquiera de nuestras hermandades. Mientras las campanas por toda la ciudad retumban alegres, en nuestro corazón de cofrade penitente permanece la tristeza de la madrugada de la noche del Sábado Santo, como siempre...
Calles calladas, ambiente frío, no hay cirios, no se oyen "Amarguras", no hay dorados ni palios, no hay filas pacientes que esperen en las aceras; nuestros itinerarios, ajados del uso, pasan a formar parte de nuestra colección para el recuerdo y las novedosas guías que implantamos en nuestros móviles se ocultarán entre las carpetas, entre las páginas virtuales, que relegaremos para otro año, si Dios quiere.
Hoy será un domingo que contradice su sentido. En nuestro interior preferimos a aquél de Ramos donde, ya lo dije hace una semana, la Semana Santa empieza a terminar. El cofrade es así. Su vida empieza entre palmas y olivos y se duerme entre los recuerdos el día de la Resurrección, el resto del año sueña.
En las casas aún hay túnicas pintadas de cera, el capirote de cartón ronda entre algún hueco libre de la habitación, ramitas de olivo renovadas encima de algún cuadro, o prendida todavía del ojal de la chaqueta. Papeletas de sitio sobre el escritorio recuerda aquél día nervioso, vivido como si fuera el primero en que vestíamos nuestros hábitos.
En el armario, vestidos y chaquetas aguardarán de nuevo su ocasión; las insignias que portábamos orgullosos en nuestras galas, cuidadosamente guardadas en sus cajitas de joyería; nuestras veneras -oro en paño- reservadas, y al palparlas notamos como se impregnó de los latidos de nuestro corazón: se guarda con ella nuestros sentimientos.
Ya no hay traslados hasta las casas de hermandad. Allí el desorden aún reina, todavía queda trabajo: el oculto. El que se quiere tardar en hacer, el que sirve para hacer memoria de la semana que hemos pasado y de la Cuaresma que ya se perdió entre nuestros recuerdos. Todo quedó recogido en deseos de volver a deshacerlo.
Las parroquias lucen el atuendo de flores, prebendas y adornos que visten los altares de nuestros Cristos y Vírgenes. Hoy es un día para el paseo sosegado, un día para las comidas entre amigos con la tranquilidad de no tener que salir a buscar nada, solo departir. Un día para el café de la tarde y visitar las iglesias que aún respiran inciensos y se alfombran de la cera penitencial. Un día para estar alegres por lo que hemos rememorado, donde por las calles, a pesar de no haber procesiones a las horas del ocaso, persiste una tensa paz:
- "¿Dónde quedamos para ver...?"
Y se hizo un silencio...
Es Domingo de Resurrección, es la cuenta atrás para vivir un año que despierta en Domingo de Ramos y se duerme un Lunes de Pascua.
Las vendas de mi Cristo
"Las vendas de mi Cristo"
¡Ay, Padre mío! Que en la noche amarga de tu falta recuerdo momentos donde la multitud te aclamaba.
Recuerdo el domingo donde entre palmas te vi Señor, ¡qué Gran Poder! repartiendo la proclama de lo que ya se acercaba.
Plasmé mis labios en tus manos, alcé a Tí mi mirada, recogí de tu boca callada las palabras por mí más necesitadas.
Dejé pasar las horas rogando que me escucharas, que quería acompañarte cuando Pilatos te presentara.
La mañana del Lunes Santo soñaba con poder oír el repicar de las campanas, que sólo suenan así las que escuchaba desde mi casa.
Desde lejos te imaginaba, Señor en la gábata, con tu túnica roja y tu humilde mirada, entre flores encarnadas en las andas doradas.
Buscaba la escena de conversación callada entre filas de penitencia blancas y azuladas; y te vi, Salud, como a mí me hablabas.
Me decía que no pagara con ira abnegada el que no pudiera esa tarde acompañarla, que todo en la vida se paga y yo debía hacer esa penitencia indeseada.
Pero fuiste tan Madre, que sólo como una madre regala, que hiciste que mi pena con agua se ahogara, y me trajiste en Sevilla al mismo Cristo presentado en la Calzada.
Dolores de tardes santas que tronaban en mi alma que aquejada de llantos en letras se refugiaban, que viajaban por sitios que mis ganas anhelaban.
Del jueves en su atardecida, muy cerca de la Giralda, sólo el recuerdo de un Cristo que acallaba a la gente y su algarada, ¡y se vivía, se sentía, se respiraba, una ansiada madrugada!
Madrugada de pasiones que quedaba en mi casa, esperando poder verlas en un momento de escapada. Gran Poder eterno, Esperanza sevillana, y en mi recuerdo el Nazareno por Ancha.
Y en los días donde el pueblo llora la cruz donde la muerte te hallaba, me vino a la mente toda la santa semana, en la que salí de penitencia cada día que pasaba.
Hoy resucita la fe, la devoción; como dijo el pregonero, hoy es el Alfa: el día primero hacia la próxima Semana Santa.
Y yo busco entre las losas empedradas las vendas que a mi Cristo ocultaban; y hago mía esas vendas, y mi llanto se calma, esperando haber cumplido la penitencia indeseada.
Que en este día, donde Jesús resucita -Señor, mi alegría- que tengo yo tus vendas, tus vendas que ya son mías, y con ellas al igual que la pecadora que tu túnica besaba sean mis faltas perdonadas.
Que acompañarte dentro de un año por las calles de mi tierra sea la penitencia que se le imponga a mi alma arrebatada.
(Fotografía: Detalle de la Sábana Santa de Turín)










