sábado, 26 de diciembre de 2015

Confesiones del hijo pródigo


He comprobado que en esta vida es fácil ser abandonado, apartado, rehuido; me han demostrado la transitividad de las personas -ser, estar, parecer- cuando se habla de amistad.

He sufrido la tristeza de quien se encuentra con el alma en soledad; he suspirado por volver a respirar aires que han desaparecido como en la orilla las olas de sal.

He aprendido a mirar atrás solo para no olvidar; he sabido que ya no soy hijo pródigo, que estoy donde debo estar; he liberado mi corazón de las cadenas de la falsedad.

He pecado contra el quinto mandamiento: he matado al mensajero de la tolerancia; he caído al infierno de la honestidad.

He querido mantener en mi memoria solo aquello que alegra las sombras de lo que fue y sé que no volverá: mi fe y el recuerdo de aquel mar.


viernes, 25 de diciembre de 2015

El escuchador


Escucho historias de la vida, escucho la vida de las historias.

Leo la poesía en los ojos de los narradores, y siento convertirme en su protagonista.

Oigo a los protagonistas, y quiero ser narrador de lo que sus ojos recitan.

Suturo corazones que sangran por sus heridas, abro heridas en corazones que lo necesitan.




lunes, 14 de diciembre de 2015

¡Despierta!


Abre tu corazón, pero déjate robar solo lo que tú quieras.

Abre tu mente, pero no dejes que la ocupen con ideas yermas.

Abre tus ojos, pero que nadie desvíe tu mirada donde no haya inmensidad.

Deja volar tu alma, pero no la conviertas en cometa, corta los hilos que la sujetan.

¡Despierta!




domingo, 13 de diciembre de 2015

Prisas por amar


Tengo prisa por amar, que no por amar deprisa, que no es lo mismo morir por amor que amar muriendo.

Es tal el torrente de ese calor que corre por mis venas, que ardo en deseos de convertir en pira un te quiero.

Inunda mis sentidos como una marea desbordada, anega mi corazón hasta lo desmedido; me ahoga tanto amor hundido.

Por amar tengo prisa, pero no ese amor del desespero; tengo prisa por amar, pero ese amor sin tiempos.



jueves, 10 de diciembre de 2015

El amor es...


El amor es una mirada furtiva, un suspiro perdido, una caricia sin rumbo, un beso robado.

El amor son dos labios fundidos derritiendo los corazones, un préstamo al cien por cien de interés, un regalo envuelto en abrazos.

El amor es el silencio cuando sobra hasta el aire, la oscuridad al cerrase los párpados.

El amor es la mayúsculas de los sentimientos, la cursiva de los momentos, la negrita de los tormentos, el deseo subrayado.




miércoles, 9 de diciembre de 2015

Sádica poesía


Escribiré hasta que sangren las letras. 

Exprimiré cada frase hasta que saque el jugo de sus entrañas.

Quemaré cada estrofa hasta que logre sus versos ardan.

Fustigaré cada palabra hasta que conmueva las almas.

Seré cruel con mis poesías hasta que los corazones se extasien al escucharlas.




domingo, 6 de diciembre de 2015

El encuentro


        (Para enamorarse, a veces, solo hace falta encontrarse).

El encuentro es un desconocido.

El encuentro es un furtivo.

El encuentro es un mendigo.

El encuentro es un camino.

El encuentro es un destino.

El encuentro es un espino.

Deambula sin rumbo pidiendo monedas de cariño, anhelando hallar un dónde y un porqué.

El encuentro, no te fíes, no habla de ser perfecto, tan solo de tropezar contigo.



viernes, 4 de diciembre de 2015

Las orillas de la cara


Caminaba por las lágrimas y quería dejar mi huella.

Pisaba sobre lo húmedo, y desaparecían mis pasos.

He bebido tantas que ya me siento océano.

He guardado muchas, y ya me siento candado.

Camino incierto, que hace perder el rumbo si llueve sobre mojado.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Quedó solo el silencio





No pudo ser. Ya os dije una vez, con el corazón tecleando, que aunque os marchaseis La Isla os seguirá recordando.

El silencio ya no es el mismo tras aquellos muros blancos. El silencio ya no es de oración, sino del vacío de salmos.

Las rejas de vuestras ventanas, cerradas a cal y canto, Carrera oficial sin más palcos que vuestros bancos.

Muda la campana, mudos los pájaros que en vuestro jardín oraban sin saber que estaban rezando.

Tristes las puertas. Huérfano el torno. Desnuda la capilla. Desangelado el sagrario. 

Quedó el recuerdo, el cariño, las imágenes, los sonidos, las miradas, los momentos.

Quedó solo sin quererlo, esperando ser de nuevo acompañado; quedó solo el silencio.

(Imagen Delaisla retratos)

domingo, 29 de noviembre de 2015

La paz y yo


La paz y yo, a veces, no somos buenos amigos. Ella me busca, aún cuando le soy esquivo.

Me llama a gritos. Reclama a mis sentidos. Ahuyenta las piedras de mi camino.

Consejera cruel que amaina la tempestad. Compañera pérfida que deja apuntes para el olvido.

La paz y yo, a veces, no somos buenos amigos. Cuando la busco no viene conmigo.


martes, 24 de noviembre de 2015

El médico



¿Y dice usted que tiene...? -le instó el médico.

- Es como... No sabría decirle... ¡Un cosquilleo! ¡Eso! ¡Un cosquilleo a la altura del estómago!

¿Le duele? -continuó el galeno.

- Mmmm... No.

¿Le molesta por lo menos? ¿Náuseas? ¿Vómitos? 

- Lo cierto es que no. Bueno, a veces siento como un vacío en la misma zona.

Aparte de esos "cosquilleos" y ese "vacío", ¿qué más le ocasiona esa anomalía que me comenta? -preguntó el doctor con curiosidad.

- Pues mire... Palpitaciones, euforia, excitación...

Póngase aquí -le dijo al paciente, señalándole una máquina para hacer radiografías que aparentaba no ser muy moderna.

Vamos a ver qué tiene usted ahí, que me está dejando intrigado.

(Acercó su cara a la pantalla, deteniéndose a observar. Y con gesto adusto se dirigió al paciente).

Mire ustedLlevo muchos años en esto y no es la primera vez que veo casos así. Créame. No será fácil.

(El enfermo hizo una mueca que denotaba cierto temor).

- ¿Es grave?

¡Oh! ¡Ya lo creo, caballero! Lo que ahora son cosquilleos pasarán a ser dolores de cabeza, estados de ánimos alterados, síndrome confusional agudo, vigilia...

- Pero... ¡Si solo noto como mariposas en el estómago! ¿Qué padezco, doctor?

Amor, amigo mío. Amor. Y ya sabe usted que el amor no tiene cura.



Escalofríos


Le dicen escalofríos cuando la piel se enerva, cuando los sentidos se inquietan, cuando la respiración se agita y el pulso se hiela.

Le dicen escalofríos, pero yo sé que es tu sonrisa, son tus miradas, son tus palabras, son tus labios cuando me besas.


domingo, 22 de noviembre de 2015

En el ocaso


Tú no has visto llorar de pena al sol cuando se esconde tras el horizonte.

Horizonte, tú que has visto llorar de pena al sol cuando se esconde.

Cuando te escondes, sol, tú no has visto llorar de pena al horizonte.



jueves, 19 de noviembre de 2015

Campanas de mi barrio


¿No las escuchas? ¿¡En serio!? ¿No te llaman?

Suenan como algarada. Como a reunión de chiquillos con sus juegos en aquella plaza.

Repican con alegría. Voltean como como late el corazón de una enamorada.

Hablan. Contando las historias de cada día. ¡Cuidado, que hay ropa tendida!

Maravillas de bronce fundidas. Pregoneras al viento. Poesía sin papel. Vecinas de toda la vida. 

Palco de piedra, enseña de mi barrio. Que como tus campanas, en ningún rincón he escuchado.



miércoles, 18 de noviembre de 2015

El pretérito de amar



Amar, mi amor. Es el verbo que más duele cuando su pasado se conjuga.

Amaba, había amado, hubiese amado. El pretérito de amar, mi amor, es el recuerdo que siempre turba.

Mi amor, amar es un sentimiento que, con tristeza o felicidad, al alma siempre desnuda.

Amar, mi amor, debiera conjugarse solo en Presente para que, en lugar de herir, no dejase ninguna duda.


lunes, 16 de noviembre de 2015

La 'levantá'


Acercadlo al cielo, quitadle el peso de la cruz que carga mientras del suelo vuestros pies se separan.

Que no note ni las espinas que se le clavan, y que su túnica no le roce ninguna de las llagas de su carne maltratada.

Que Amargura no sea el camino, sino el consuelo de la palabra de la Madre que lo buscaba. 

¡Al cielo, cargadores! ¡Al cielo, como Dios manda! Que cada 'levantá' del Lunes Santo, alivie su afligida mirada.

(Foto José M. Fdez-Andes)


domingo, 15 de noviembre de 2015

A mi Cristo


¿Te acuerdas cuando nos quedábamos solos con el silencio por único acompañante?

¿Recuerdas que intentaba rezarte y de mis adentros solo salían silencios que no dejaban pronunciarme?

La tenue luz iluminando tu cara. Tu cara iluminando mi alma. Mi alma buscando tu paz. Mi paz al contemplar tu mirada.

Seguro que no te olvidas de aquellas frugales visitas, como yo no me olvido de amarte cada día a pesar de la distancia.



sábado, 14 de noviembre de 2015

Sé poeta

"La vida no siempre es poesía, pero la poesía siempre es vida".



Embelésate de lo que te rodea, y rodéate de lo que te embelesa, porque saber apreciar la belleza, créeme, es como escribir un poema.

Bastantes problemas nos aturden, que nos invaden de tristezas. Desde un beso al despertar hasta un te quiero sin más, créeme, nos hace ser poetas.


viernes, 13 de noviembre de 2015

Voló la poesía

Discutían los poetas por quién escribía mejor poesía. Mientras, la poesía se escribía sola sin letras. ¡Ay, cuartetas!

Discutieron entonces los poetas por haber abandonado a la poesía. Y la poesía se declamaba sola. ¡Ay, tristeza!

Se enzarzaron los poetas en acusaciones sobre quién se olvidó de la poesía. Y la poesía volaba ya sola. ¡Ay, cometa!

Lloraron los poetas al ver marchar la poesía. Y la poesía ¡ay, mujer! viajó en busca de aquel que solo la amara a ella.


El gato


Maullaba junto a la puerta de su casa. Un lamento. El sollozo de un plañidero felino. 

Era ya de madrugada. Sonaban las campanadas de una iglesia lejana. La lluvia arreciaba y el trueno removía los cimientos de la calma. El gato clamaba incesante. Doloroso.


El reloj en la mesa de noche parecía languidecer con su tictac. En la habitación contigua había gente que charlaba sin alzar la voz. La luz se apagó de repente, y la quietud se sobresaltó por un instante. Solo quedaron encendidas las luces titubeantes de dos lamparillas en un vaso desgastado que contenía agua y aceite.


Las sombras de la sala de estar eran lúgubres presagios. Un estertor se oyó desde el dormitorio que todos velaban. Un suspiro. Una expiración. La luz de una de las lamparillas se ahogó de súbito. No se oía más que llover con vehemencia sobre el techado de la casa. Un silencio sepulcral se hizo de repente, y en la penumbra de la única luminaria encendida parecían conjurarse las sombras.


Tétrica la despedida entre lágrimas y el responso de las viejas vecinas. Marcaba más de las dos en el reloj, y maullaba el gato que avisaba que la Muerte visitaba la casa para señalar la hora precisa.


jueves, 12 de noviembre de 2015

Sueños de Lunes Santo


Tú no lo entiendes y yo no puedo explicarlo, pero despertaría cada día en la mañana de un Lunes Santo. Reviviría cada momento de su tarde y cuando el reloj acabe con el encanto, y al cerrar los ojos solo vea capas rojas y capirotes blancos, ¡ay, sueño! volvería a despertarme pensando que ayer fue Domingo de Ramos.

(Foto La Voz de Cádiz)

martes, 10 de noviembre de 2015

El pacto


Buscaba algo inalcanzable, y tanto era su afán y tan poco su miedo a los retos que decidió pactar con el diablo.

Invocó su nombre sobre un círculo hecho a tiza en el suelo, sacrificó un animal y tomó su vida teñida de rojo que derramó en un vaso, y con la que consagró en un altar de luces tenues que generaban tenebrosas sombras.  


Una voz gutural, pero atractiva, salió de ninguna parte y espetó.

- Soy yo, el que esperabas. Te daré lo que me pidas y, a cambio, tu alma será mía.

El hombre, para cerrar el trato, se hizo un corte en el dedo para sellarlo con su sangre. Y mientras caían un par de gotas dentro del círculo, miró al frente y observó una figura que le miraba desde lejos y a la que creyó adivinarle una sonrisa.

Las gotas tocaron el suelo. El pacto estaba firmado. El hombre alzó la vista y la dirigió hacia la inquietante silueta que permanecía aún allí.

- ¡Oyeme! -se dirigió hacia el misterioso personaje- Más te vale que lo que te he pedido sea como yo quiero. Si no es así, cuando vengas a llevarte mi alma, temerás haberme hecho sellar este contrato. 

El Demonio rió de forma desmesurada.

- ¿Me amenazas, incauto? -respondió el Diablo.

El avezado amenazador sonrió con malicia. 

- No. Te lo prometo.

El Maléfico parecía furibundo y le replicó.

- ¿Y si no cumplo mi parte y te quedas sin eso que tanto anhelas?



- Entonces -conminó el hombre- te quitaré lo que más quieres.

Una carcajada terrorífica invadió el lugar. 

- Yo no le tengo apego a nadie, ni a nada. ¿Qué vas a tomar que tanto me puede interesar? -comentó divertido el diabólico ser.

- Tu maldad -aseveró el hombre.

El Diablo dejó de sonreír y vio en los ojos del invocador una muesca aviesa. ¿Sería un farol? No lo parecía.

El hombre murió a edad avanzada. Consiguió lo que quiso y aún más, pero el Demonio no se hizo con su alma descarnada, no se atrevía a llevar a su reino a alguien capaz de tener el espíritu más negro que él.





sábado, 7 de noviembre de 2015

Fiestas laicas

Hablemos de contentar al pueblo que ha vivido siempre, y desde hace muchos años sin presiones de la pérfida Mater Eclesiae, con sus tradiciones.

- ¡Impuestas por el nacionalcatolicismo facistoide! 

Pues en los ochenta, noventa y ya metidos en el siglo XXI lo dudo mucho, oiga.

Hoy las políticas emergentes, y las no tanto, quieren y logran apartar lo social de lo religioso porque España es un país aconfesional (que solo quiere decir que es una nación donde se respeta cualquier confesión o filosofía), pero eso no implica hacer desaparecer las religiones que, por otro lado, entra dentro de las libertades personales.

- ¡Particulares! ¡Íntimas!

Pues como el ser de izquierdas o derechas.

- ¿¡Cómo!?

Coma, coma...

La realidad es que la sociedad (social), vive sus costumbres, muchas religiosas. No participan de sus liturgias, pero en navidad, por poner un ejemplo que se va acercando, quien más y quien menos pone, no digo un Nacimiento, sino un arbolito (de navidad). Y el cinco de enero hacen de reyes magos (que adoraban al Niño Jesús).

- ¡Es la ilusión de los chiquillos!

Y la de los adultos (¿A quién no le gusta una sorpresa?)



Se ridiculiza al cofrade, a la beata de misa de ocho, a quien exhibe en su balcón un dosel con la imagen de Jesús en las fiestas donde se conmemora (por parte de los cristianos) su natividad... Todo por creer en algo que no todos entienden.

¿Ese es la tolerancia que promueve la ideología del respeto a todos



Pues bien, como la realidad es la que es, y no se puede pintar a brochazos para tapar lo que antes había, los niños siguen queriendo reyes, imitan a cargadores o costaleros, les gusta ser el centro de atención en actos donde haya público, ¿y qué se inventa para ello? ¡Las celebraciones laicas!

Bautizos civiles, comuniones civiles, ahora Madrid dice que hará ¡un Belén  laico! ¿Lo próximo serán las procesiones laicas con toda su parafernalia? En cierto modo, Halloween es signo de ello.



Es el sinsentido. La incoherencia y la falta  de razón por querer despojar a la sociedad de lo que nunca se ha quejado, al menos desde que la democracia se instauró en España. Tradiciones que, por otro lado, dan no pocos beneficios a las ciudades.






viernes, 6 de noviembre de 2015

Poema del recuerdo


Cerrar los ojos y pensarte.
Dormir y soñarte. 
Despertar y encontrarte. 
Mi única razón es vivir sin olvidarte.


A la Sevilla de verdad


Te voy a decir cuándo me gustas.

Que lástima, romana, mora y cristiana que hayan hecho de ti templo de la soberbia provinciana.




Envidia hecha piedra y piedra hecha vanidad. Porque eres, Sevilla, para adular y yerran los que se creen que tras de ti, ni hablar.

Me enamoraron tus calles vacías de galas en las mañanas que te despiertas sin pintar. Esas donde eres la verdadera mujer a la que cantar.

Me embaucaron tus silencios. Me sobornaron el alma los ecos de las tristes tramas de tu poeta  universal. Me atraparon tus siluetas de eternidad.

Me elevaron los cantos de las aves que al caminarte endulzan. Me perdieron los sentidos al conjugar los verbos sentir y amar al pasear.


Me embriagó tu solemnidad cuando hay que saber estar. Me aturdió tu devoción más allá del altar. Me cautivó... ¡Ay, Señor del Gran Poder! Tu 'mirá'.

Así me gustas. Libre del disfraz del pueblo que manosea tu esencia. Limpia de esa farseta de sevillanía, lupanar de fatuidad.

Madre, maestra, cuna, espejo, reflejo, manual. Todo eso eres. Pero lo que a mí me prendó, Sevilla, fue conocerte sin maquillar.

martes, 3 de noviembre de 2015

Divina poesía

A lo bello le dicen poesía, a la poesía belleza. Mas no es el poeta quien clama qué es bello, sino que es la belleza quien escribe sus letras.

Así es Dios la poesía misma que creó a su imagen al poeta. El ser que alaba su grandeza, que la adora, que le hace levantar de estrofas iglesias, que le reza.

Lo sublime y lo humano. La palabra divina entre lo profano. El juego a hacer del hombre su obra, y es su obra la religión de hacer hermoso lo mundano.

Bendita esta traición a lo prosaico. Bendita esta catequesis de los versos glorificados. Bendito ese Dios por los hombres declamado.

A lo bello le dicen poesía, a la poesía le dicen belleza. Y tanto esplendor hay en su alma etérea, que ha hecho del hombre su profeta.


sábado, 31 de octubre de 2015

La visita

Se lo estaba pasando genial...

Disfrazado de muerte, paseaba con una calabaza de plástico en la mano, acudiendo a las casas que se señalaban afín a celebrar Halloween entre el tradicionalismo local.


Eran casi las siete y ya había oscurecido. Había dejado a sus amigos para quedar más tarde con ellos. Ahora iba en busca de Ana, una gran amiga con la que quedó para entonces.

La joven vivía cerca del cementerio y, al pasar frente a él, el muchacho no pudo evitar echar una ojeada a su interior desde la puerta. Aún se veía movimiento, a pesar de la inusual hora. La gente se apresuraba a guardar los útiles que usaron para dejar los nichos y las tumbas más decorosos.


Movido por la curiosidad morbosa de visitar el camposanto ya anochecido, giró sobre sus pies y se adentró hacia aquel dormitorio eterno. Aunque todavía los había afanosos en la labor de adecentar las silenciosas paredes, ya muchos se despedían. 



Que extraña sensación de ansiedad. Experimentaba la adrenalina alimentando de inusitado nervio su cerebro. Su corazón... Su corazón latía como si fuese un timbal en una de aquellas danzas frenéticas de las tribus africanas. Se sabía solo en aquella zona del cementerio. Un viento frío movía los ramos tan bien preparados, y las hojas caídas en el suelo, resecas, parecían correr con aquel sonido decrépito que sonaba a muerto.
 

Ya no se escuchaban las tórtolas que  contrastaban pero hacían bueno allí su amor hasta la muerte, ahora ululaban lechuzas. El claqueteo de las pisadas reverberaban entre aquellos muros de la desesperanza. A lo lejos tañía una campana.



Tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan

Las siete  -pensó para sí el joven.

Al llegar al final del recinto, todo era quietud. Nadie en aquel último lugar. Un olor a flores se confundía con el de la humedad que ya caía, ¿o sería quizás con el de las que se ocultaban tras aquellos mármoles?


Recordaba lo vivido poco tiempo antes, mientras recorría la ciudad entre grotescos disfraces de payasos ensangrentados, zombis y demás caterva fantasmal pero, de aquella soledad, su eco a nada le hizo estremecer. Un escalofrío repentino le recorrió desde la nuca a los pies, y retornó sobre sus pasos. Creía oir crujir las maderas tras las lápidas. El viento... ¿Era el viento? Parecía quejarse, como si llevara años recostado. 

Confundido, buscaba nervioso entre las calles la que le llevara hasta la salida, pero no reconocía ninguna por las que deambulaba desorientado. Las luces mortecinas, que hacía no mucho se encendieron, tan solo ayudaban a acrecentar su inquietud. 



Aquellas malditas lucernarias creaban sombras imposibles. Luctuosas figuras apostadas junto a sus tumbas. 



¡Es mi imaginación! -se alentaba, mientras su mandíbula se movía castañeteando los dientes.

Aquella túnica negra le molestaba. Se la pisaba y le hacía tambalear perdiendo un tiempo que parecía faltarle.

No veía a nadie. Pareciera como si una gran nada se hubiese adueñado del lugar. Los sonidos eran más nitidos. Oyó un grito. Desgarrado. Era como de una mujer, quizás de un niño. Su pulso, acelerado, sus manos y su frente sudadas, sus piernas parecían acorchadas, sus ojos se empañaban de lágrimas de desesperación por no hallar la salida.

Su corazón, creyó, se le paraba al ver cómo un gato salía corriendo ante él, salido de alguna de aquellas oquedades que permanecían vacías, a la espera de ser morada. Se detuvo en seco por la impresión, y observó al animal sentarse y lamerse mientras lanzaba un maullido lastimero. Se sonrió aliviado, poniendo una causa justificada al terrible lamento femenino o infantil.



Con el cuerpo helado, temblando y la cabeza dolorida, inició de nuevo el camino. La noche parecía haber entrado sin avisar. El miedo dejó paso al cansancio, y optó por sentarse en uno de los bancos del cementerio. No podía ser tan tarde, discurría. Hace apenas unos minutos sonaron las siete.

Atérido, se levantó del asiento y empezó a andar. Aquellos quejidos que antes le resultaban terroríficos ahora solo le parecía conversaciones. Los quejumbrosos chirridos de lo que creyó las maderas de los ataúdes en las tumbas, se le asemejaban puertas que se entornaban. La muesca de miedo desapareció de su rostro, que se relajó al atisbar la puerta de salida. Un operario la estaba cerrando. 



Comenzó a gritar avisando al hombre, pero se seguía cerrando la pesada puerta, mientras emitía un chirrido que crispaba. Sus pies le dolían y parecía que el camposanto se agrandase. 

Entonces, un inquietante golpe hizo eco. El gran portón se había cerrado. 

Solo. Estaba solo. Encerrado en un laberinto descarnado. No le habían escuchado. No daba crédito a aquello. 

De nuevo, en el ensordecedor silencio volvió a oir las voces lamentándose, ese sonido a la madera, ese esperpento en forma de chillido ininteligible. Al darse la vuelta todo cobraba otra realidad. Una irrealidad. 



En la penumbra de aquel lugar, en la noche que según la creencia popular los muertos se desempolvan los harapos y se levantan de sus tumbas, el joven era testigo de algo inconcebible. Ante él, cientos de cuerpos cadavéricos, esqueléticos, vestidos de todas las épocas lo miraban inexpresivos. Arrastrar de losas, un hedor a podredumbre, chascar de huesos, sollozos que procedian de cualquier rincón...


Era la gélida noche del uno de noviembre. Era el momento donde la muerte volvía a la vida.

Imágenes en sanfernandoyyo.blogspot.com, Islapasión y otros autores)







sábado, 17 de octubre de 2015

El mantón

Guardaba el embrujo de quien envolvía. Varales de seda sus flecos, que velaban con coquetería la tersa piel.

Escolta de su espalda. Pícaro jugador de la lascivia dejando al descubierto el as bajo la manga, sensual el hombro asomaba.

En su cuerpo zaino, tatuajes de delicados trazos, esculpidos más que bordados, que acariciaban la vista. Atrayendo, como las flores a los libadores. Revelando el néctar salado que se reservaba bajo él.

Jactancioso provocador. Era un falaz moralista, que hablaba de pudor mientras seducía insinuando. 

Galán que triunfaba entre ellas, cubriéndolas como muchos quisieran. Envidiado entre ellos que anhelaban, siquiera, palpar lo que con su tacto besaba.

Capaz de acentuar la mirada de la mujer que lo poseyera, misterioso hechizo del negro lienzo que esclaviza los sentidos. Capaz de convertir el guiño en beso y el suspiro en un piropo que se lanza al viento.

Mantón, adorado grial trenzado. Bastión donde se refugia el tesoro divino que guarda la esencia de lo femenino.


(Foto Mª Carmen Roa)



Poesía en un tuit: Caminos


Las lluvias oxidaron los hierros que cruzaban los caminos, reblandecieron las piedras y convirtió la melancolía en su destino.

(Foto Rafa Olvera)