viernes, 29 de abril de 2016

martes, 26 de abril de 2016

Desvarío



Digamos que no sé dónde dejar de mirarte.

Digamos que si fueses mar me ahogaría por amor.

Digamos que es fácil perderse en ti; por ti; contigo.

Digamos que la felicidad consiste en un <<solo los dos>>.

Digamos que tu mirada es fiebre, y el bálsamo tu voz.

Digamos que eres esa droga que se convierte en adicción.

Digamos que querer y amor no siempre es lo mismo: posesión y devoción.

Digamos que desvarío solo porque me he fijado en ti, y tú no sabes que existo.


domingo, 24 de abril de 2016

¿Para qué?


¿Para qué volar si ya estoy junto a ti?

¿Para qué alcanzar la luna si ya me ilumina tu sonrisa?

¿Para qué las estrellas si ya tengo el rielar de tu mirada?

¿Para qué las joyas si ya es mío tu corazón?

¿Para qué quiero más, dime, si contigo no me falta nada?






sábado, 16 de abril de 2016

Incoherencia


Respiraba mi corazón a ciento cuarenta pulsaciones por minuto, latían mis suspiros como si el aire me faltara.

Mi sangre pensaba como el rayo por mis venas, alterando mi mente ordenada

Mis ojos olían el perfume que tu cuerpo emanaba.

Mis oídos leían tu mirada que me susurraba.

Llegaste, y contigo llegó la incoherencia que mis sentidos perturbaba.


viernes, 15 de abril de 2016

El poder de tus ojos


¿Hasta dónde la mirada es llama que enciende, 
ola que desborda,
terremoto que remueve,
levante que te despeina el alma? 

¿Cuánto sería capaz de soportar, ay mortal, el batir de tus pestañas?

El poder de tus ojos, cuando en mí los clavas,
que es capaz de convertir mi razón, 
ay corazón,
en una zona devastada.


(📸 Estíbaliz Núñez)

miércoles, 13 de abril de 2016

Esqueleto


Quedaron los huesos. Quedaron los recuerdos; astillados, malheridos, descoloridos.

Quedó el esqueleto, semblanza inerte de la vida.

Quedaron las imágenes mudas, los momentos quietos, las historias sin voz; quedaron los tiempos dormidos.

Quedó la calavera, callado mausoleo mientras el mundo respira.


(📸 Jaime Ruiz) 

lunes, 11 de abril de 2016

La Sevilla de los viejos


Yo que vivo en Sevilla, que le he escrito versos y la quiero como se quiere a una gran amiga, confieso que es una ciudad encantada, pero llena de algoritmos que la hacen cerrada para quien la visita. No es tan abierta, sino que deja rendijas para ser vista. 

Sevilla, la de los tipismos, es la que se vende al exterior; pero existe esa otra que solo se conoce si se supera esa barrera emocional de la impresión. 

La Sevilla que yo adoro es la de los viejos; aquella que era sevillanía y no la del <<miarmerío>>, que es la que hoy prima.

Se podrá estar de acuerdo o no, pero para conocer la Sevilla sin milongas hay que ir más allá de esa ciudad que se quedó, sobre todo, con la falseta de su verdadera copla.




domingo, 10 de abril de 2016

Necesito el aire


He escuchado al aire susurrante, y creí que era el timbre de tu voz llamándome.

He olido al aire al traer primaverales fragancias, y creí que era el perfume de tu piel recién duchada.

He sentido al aire despeinarme, y creí que eran tus manos acariciándome.

He paladeado al aire cuando mi boca exhalaba, y creía que eran tus labios que me besaban.

He visto al aire mover las sábanas, y creí que eran tus deseos buscándome.

He comprendido que necesito respirar el aire tanto como sentirte, mi amada. 


sábado, 9 de abril de 2016

Cada renglón de tu cuerpo


Ese olor inconfundible, ese tacto; 
mi mirada, que es más lascivia que deseo, por poder abrir tu secreto; 
esa historia que solo tú y yo conocemos.

Ese deseo íntimo de perdernos el uno en el otro; de encontrarnos en nuestro  propio limbo, que es donde expiamos los pecados que cometemos a solas; 
tú dejando que me introduzca en ti, 
yo permitiendo que me hagas volar.

Ese poder volverte y acariciar con una mano tu piel de pergamino, 
mientras la otra recorre con el índice cada renglón de tu cuerpo.

El sueño empieza cuando, al cerrar los ojos, arden mis sentidos por volver a sentir tus palabras que despiertan mis ansias al tus hojas palpar. 






jueves, 7 de abril de 2016

Estrofas de primavera


Fresco el día, que la húmeda noche regalaba, había amanecido con las hojas de los árboles de lentejuelas de rocío bordadas.

Paseaba mis sentidos entre olores de recién mañana que aún se desperezaba; sol y luna se encontraban.

Sonreía mi alma. Mi ánimo se vestía de gala porque hoy quería salir a pavonearse frente a aquella vida que, a veces, deja sin ganas.

Fueron mis pies los que avisaron de lo que no me percataba: llovía. Mis pasos caminaban entre fingidas aguas de perfumadas fragancias.

Benditas lluvias de abril; benditas gotas blancas; benditos chaparrones que de pétalos encharcan los grises, y da color al mausoleo de las pisadas.

Sin paraguas negro aquella mañana, se aliaba la esperanza con aquellas guerrilleras estrofas de primavera que de ilusiones me mojaban.



domingo, 3 de abril de 2016

Cada renglón de tu cuerpo


Ese olor inconfundible, ese tacto, esa mirada que es más lascivia que deseo por poder abrir tu secreto; esa historia que solo tú y yo conocemos.

Ese deseo íntimo de perdernos el uno en el otro; de encontrarnos en nuestro  propio limbo, que es donde expiamos los pecados que cometemos a solas; tú dejando que me introduzca en ti, yo permitiendo que me hagas volar.

Ese poder volverte y acariciar con una mano tu piel suave, mientras la otra recorre con el índice cada renglón de tu cuerpo.

El sueño empieza cuando, al cerrar los ojos, arden mis sentidos por volver a sentir tus palabras que despiertan mis ansias al tus hojas palpar.

(La magia de un libro)