viernes, 2 de mayo de 2014

1 de mayo: Día de...

España es para reírse un ratito. Qué grandes humoristas tenemos. Pasó el primero de mayo entre el intento de hacer creer al pueblo que manifestarse servía de algo -aún no me he enterado para qué-. Los artistas de este circo del paripé, somos todos. Los que se agrupan tras pancartas y banderas tricolores, rojas o las autonómicas estrelladas -¿será eso una ironía?-, puño en alto con consignas, a veces, más manidas que un paquete de gusanitos caducado. Eso del "no nos moveran" (?) o "a las barricadas" (??) como parte de una reclamación de justicia laboral para un país con casi seis millones de desempleados... Pues mire usté, queda muy bonito para los nostálgicos de la famélica legión, pero para padres de familia, hogares enteros, jóvenes que buscan su primer contrato con seriedad, recién licenciados que no quieren empezar envolviendo hamburguesas en un MacDonald's, por ejemplo, no creo que esos gritos de cuando la Guerra Civil les sirvan de algo. Incluso diría que es un agravio porque no representan más que una ideología, pero en absoluto una solución.

Queda muy bien hablar de fascismo, de un gobierno de derechas que representa la antítesis de lo que este país necesita. Es un argumento de demagogias. Sólo hay que mirar hacia Andalucía y comprender la gran falacia del social-comunismo. Y no defiendo a los actuales dirigentes del país. ¡Para nada! Aquí no hay un solo político del que me fie. ¿Ciudadanos? Veremos...¿UPyD? No se, no se... Confío, eso sí,  que alguien cambiará algo en la política de España porque da igual el color o la ideología, todos representan la desvergüenza y la desfachatez de una casta que se sirvió del poder para el beneficio propio durante su estancia en los sillones rojos o azules y después también.

El uno de mayo es, a todas luces, festivo. Sin más. Las algaradas sindicalistas junto a sus afines no tienen, para cuarenta millones de personas, mayor poder de convocatoria ni convicción que la del camión de la bombona. Se asomará quien quiera ese gas pesado y anticuado para sus cocinas.

Lo siento, pienso así.

Pueden venirme con lo que quieran, que no variaré mi opinión.

Las protestas en épocas épicas, donde reclamar era una auténtica hazaña pasaron a la historia, al libro de recuerdos de una nación que sólo quiere sobrevivir día a día y que el virus del paro no haga estragos en sus casas. Hoy el Día del Trabajo es un mero reclamo para hacer agostos, si hay puente, los hoteles; anunciar el G.P de España en Jerez, la feria de Sevilla, procesiones religiosas en memoria de San José -como ocurre en San Fernando- y seguro que cualquiera de estos eventos nombrados tienen mayor seguimiento social que las manifestaciones promovidas por los Méndez-Toxo

¿Que eso impresiona un país pasota? ¡No! Es la impronta de un país cansado de tanta palabrería vácua. Harto de ver insignias de la fallida República Española. Aburrido de ser banderilleado por los derechones y los de la izquierda. Herido de muerte porque quienes dicen defender sus intereses se llenan los bolsillos, viven en casas o chalés -que hay que tener muchos euritos para mantenerlos-, se pueden permitir mariscadas, tendrán un sueldo vitalicio cuando ni tan siquiera ya ocupen cargos (incluso los abogados de los desahuciados, ¿eh?).

¡Que sí! Que no se les pueden criticar porque vayan a Romerijo a comer gambas, pero que no me vengan con el cuento de que me entienden. ¡Porque no pueden entenderme!

¿Pueden entender vivir de Cáritas? ¿De acudir a comedores sociales? ¿De tener un sueldo que no te da ya ni para hacer frente a pagos que antes sí podías? 

No pueden...

Yo también reivindico el primero de mayo como un día lúdico; para ir a la playa, para salir a la montaña, para hacer turismo, para quedar con la familia e ir a almorzar a las ventas de cualquier pueblo; para hacer deporte a horas donde sueles estar trabajando, estudiando o no haciendo nada. Cuando los políticos, sindicalistas, voceros de ideologías y de enseñas, correligionarios, piquetes informativos -de todos, el mejor chiste-, animadores exógenos pero  vinculantes de formaciones de uno u otro bando (véase Gran Wyoming o los del Gato, por poner un ejemplo claro) dejen de jugar al ping-pong con las esperanzas de todo un país, reclamaré el Día del Trabajo como lo que debe ser: el día donde alzarse ante las injusticias laborales, clamar por los abusos hacia los trabajadores, apoyar a los valientes que optan por el autoempleo, mandar callar por una vez a los charlatanes que buscan réditos políticos y nos marean con su cháchara, exponiendo prioridades que no son más que chorradas innecesarias en los tiempos actuales.

Hasta entonces, de forma particular, celebraré este día como el del nacimiento de mi hijo mayor y, hasta ahora, me sobra todo lo demás.


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