viernes, 13 de junio de 2014

Palabras bordadas

Cuando la palabra se hace maleable tan sólo es necesaria la fuerza del sentido y el sentimiento para crear arte de un material, a veces, basto.

Así conocí a Antonio Burgos desde la prensa escrita. Irónico, satírico, mordaz, sentido, sin medias tintas y con la lengua prestá para decir verdades que, para otros, pueden ser chinos peluos lanzados a discreción y ¡Ay a quien atine!

Reconozco mi admiración por este hombre. Un sevillano gaditanizado -como ya dije en alguna ocasión- por obra y gracia de mi Tacita de Plata. Capaz de enamorarte al hablar de Sevilla, sus usos, sus costumbres, su ser... Y de maravillarte cuando nombra a su Cádiz, dando que pensar qué tesoros le habrá mostrado esta cajita plateá para dejarlo absorto en su salada claridad.

Confieso que su estilo desairado y vivaz me provoca envidia de alumno. ¡De alumno..! ¡Quia! De admirador sin más, que aprende que el lenguaje es tan hermoso como guerrero y lo mismo te regala poesía que te clava una daga con maestría y saber estar. No es necesario ser soez para desagradar ni pomposo para deleitar.

Es la primera vez que escribo expresando mis respetos y tributo a nadie que no sea a mi esposa, mi fe y a mi tierra. Porque así me gusta plasmarlo y que se sepa. Pero no quería dejar de demostrar una reverencia sincera que además coincide con la onomástica del santo de Padua, a un bordador de la palabra y tallista de la expresión como es don Antonio Burgos.

No. No es agradar oídos. ¡Para qué! Desde este blog que tantas ocasiones me presta para escribir lo que pienso, lo que siento, lo que quiero... Sólo unos minutos para dedicar a un maestro de las Letras españolas.

Un placer poder expresarle estas palabras de sincera estima.

(Por cierto, don Antonio, mil perdones por mi constante hartazgo a través de las redes sociales)

miércoles, 11 de junio de 2014

El pensamiento heredado





Muy pocos son los valores y pensamientos que nacen de nuestra ética. Si aceptamos la teoría de la tabula rasa cualquier acción e deario tiene una base impuesta. Es decir, no podemos asegurar que nuestros conceptos nacen del autodidactismo. Quizás hayamos sido autodidactas a la hora de aprender cosas elementales para la supervivencia en nuestra sociedad (leer, escribir, buscarse la vida... Eso sí que es admirable), pero no podemos decir lo mismo cuando hablamos de pensamientos (en el sentido de posicionamiento me refiero).

Así somos religiosos o no, a priori, porque nos han inculcado serlo de alguna forma, incluso, por la propia experiencia vital se puede estimar nuestra fe o su falta. Como el pensamiento ideológico.

Tras mostrarse de forma fehaciente cómo muchos -entre ellos gente joven- han manifestado su derecho a constituir un nuevo modelo de Estado amparándose en el sufragio universal, y tras comprobar como el sustento del pensamiento ideológico se basa en conceptos históricos con mucha  manipulación o cuanto menos falta de información, postergada para crear más adeptos demonizando al otro razonamiento, me lamento al reflexionar cuánto daño ha hecho este sistema selectivo de datos al actual ciudadano español.

Hablo sobre cómo los pensantes políticos manejan la mentalidad social. Cómo son capaces de remover la realidad y proponer medias verdades y ocultar otras para conseguir su fin: alienar. Pero no sólo aleccionar y ubicar, sino crear un antagonista histórico con las mismas taras y capaces de los mismos actos que sus antecesores. Crean malvados y no dan opción a que esa generalidad elija per se la filiación que estime más conveniente. 

Se une a ello la propia familia, los círculos de amistades, las relaciones sociales, los ambientes que se frecuenten... Reitero, ciertos pensamientos no nacen de nuestra ética personal en tanto que estamos abocados a ser bombardeados con multitud de opiniones ajenas, cada una parte de una historia particular, de una experiencia y con la que puede que compartamos alguna afinidad por el lazo que nos una a nuestro informador.

Desde ahí, cualquier reseña que nos llegue podrá ser sesgada según estos factores y por tanto si no se atiende a revisar, estudiar, confirmar toda la amalgama de declaraciones que nos llegue continuaremos creando deficiencias ideológicas.

En España las posturas políticas se cimentan en un periodo muy delimitado donde muchos de sus protagonistas directos -los que lo vivieron muy de cerca, ¡pero de verdad!- cuentan sus vivencias según les acaeció. Ello, por lógica, crea un precedente familiar recidivante. Pero sigue siendo información relativa, aunque suficiente, para formar una sensación de empatía o recelo.

Creo que España tiene una memoria tendenciosa que criminaliza los pensamientos según la versión que tengamos, pero no nos interesamos -o no les interesan- en conocer por qué nuestra razón es más válida, útil o efectiva que la contraria. Ello nos lleva a no crecer como unidad y promueve una división que concita rencores, en no pocas ocasiones sin sentido, con la única base de aquél histórico de una etapa que la sociedad española no ha sabido superar y que, desde luego, muchos entes políticos invitan a que no se mejore porque ello implica réditos a su fin.

Quien esto escribe no habla de decidir si la izquierda o derecha tiene razón en sus planteamientos sociales actuales, cada uno elija, sino que expongo sobre lo innecesario de remover el pasado al antojo que convenga y hacer ver la realidad que ello supuso: la división de un país, odios, emigraciones dolorosas, pobreza y muertes absurdas. ¿Quién fue el responsable de esto? ¿Franco? ¿Una República inconsistente?

Esto es lo que hoy día, por desgracia, nos siguen vendiendo las cercenantes ideologías y, lamentablemente, muchos siguen el condicionamiento negativo de estas formas de mal aleccionar. 

¿Aprenderemos algún día a mirar sin paños que nos cubran?

Oro y plata (Desde el Puente de Triana)



Entre Sevilla y Triana, entre la Maestranza y Pureza, pasa por en medio una fuente que es brillo que embelesa.

Sobre su pausada estampa en el puente  con nombre de alteza, que es Esperanza la trianera, se divisa un tesoro que es Sevilla entera.

A la izquierda la madre, a la derecha la hija, y ambas pugnan por tener piropos de quienes las tienen a la vista.

El río refleja oro y plata en la tierra de María, que es tapiz cincelado la vía que transcurre cada día muriendo en la Cádiz mía.

Platera su ría, dorada la ciudad que se mima entre versos de poesías, que el reflejo que de ellas manan toma su color Sevilla.

martes, 10 de junio de 2014

Una vida de sueños


Enamorada. Así sentía estar. 

En su mundo entre libros, su admiración se dividía entre héroes y villanos, príncipes azules y mendigos, bohemios y vividores...

Vivía en cada historia que escrutaba, era la dama rescatada, la chica en apuros, la reina del castillo, la amante perversa, la esposa ultrajada, la guerrera intrépida... Era lo que devoraba en cada lectura, y cada lectura la devoraba a ella.

Cada página que consumía era un castigo y un anhelo; sin duda, su sumisión al amo de tapa dura que la sometía era total. Su vida era un cúmulo de situaciones narradas, guionizadas y puntualizadas donde el destino estaba escrito. No tenía escapatoria; bien se dejaba vapulear por un final trágico, bien su espíritu se elevaba cuando el FIN era el de un cuento de hadas.

No había trama que desechara ni circunstancia que la doblegara. No existían miedos que la amilanaran ni aventura que no deseara correr. Para ella Dios escribía libros, y toda su creencia estaba en aquellas biblias apócrifas que reflejaban la fe de mil vidas salidas de las manos de ese autor divinizado.

En su mente liberaba batallas entre los tiempos, las épocas no eran sino trozos de su existencia. Con apenas 16 años conocía a Galileo y fue quemada como una bruja; luchó en la Francia de 1789 con los sans culottes; trabajó en las fábricas textiles en la Inglaterra del XIX cuando se produjo la revolución industrial; fue de las primeras mujeres que votó tras el sufragio universal; doncella de la zarina Alexandr;, padeció la persecución nazi en Cracovia, presenció el asesinato de JFK mientras lo vitoreaba...

En su universo conocía la desolación, el terror de la inhumanidad, las drogas, el sexo ruín, la venganza y el odio. Los horrores de aquellas páginas se asemejaban a aquellos otros que, de forma constante, padecía en paralelo en la realidad mundana. No necesitaba, no quería deshacerse de la verdad imaginaria que la evadía de aquella otra que la aturdía.

Los amores que confluían en su existencia vital no eran tan interesantes como aquellos otros donde sólo se interponía el papel. Los primeros creaban problemas, que a su edad suponía insalvables, y su corazón no soportaba los dardos ponzoñosos que lo mataban entre desaires y desencuentros. Sus apasionados escarceos entre negras tintas la llenaban de toda la adrenalina que precisaba, los de la carne la habían desangrado.

La muerte sólo era un tránsito pasajero que desaparecía cuando pasaba la ultima hoja del libro. No importaba el drama de su aparición, no era motivo de desesperanza porque sabía que ese trámite era la suerte decidida por el supremo Creador ante otras soluciones posibles. La resurrección era una costumbre, no un hecho extraordinario en el que algunos creen y otros no.

"La vida es un libro, un libro es una vida", era su lema.

 Con la juventud como aliada y la experiencia aún entre bambalinas, seguía retrasando un día más lo que la vida le tenía reservado, lo bueno y lo malo; porque el día que pasase la tapa de la última obra, sabía que ese mundo de fantasías se convertiría en una Atlántida imposible de recuperar.

lunes, 9 de junio de 2014

El amor se equivocó (XIV)

La noche ya gozaba de plena libertad. La  no planificada visita a Io Diavolo se convirtió en una velada llena de sensaciones. Las dos mujeres sentadas una frente a la otra era una muda conversación. Sus labios no se movían, pero sus miradas eran un diccionario.

Sandra sorbió un poco de vino y tragó con dificultad mientras intentaba aclarar su voz y sus ideas. Nerviosa, perdía la mirada entre la mesa y la copa y no pretendía disimular. Sus pies percusionaban sobre el suelo que pisaba y los dedos de sus manos tintineaban el cristal donde reposaba la bebida. 

Era una circunstancia rara porque no era la primera vez que compartían mesa y se contaban secretos, sin embargo actuaban como si se acabasen de conocer. 

Las luces de aquél lugar se hacían más densas cuando la noche se terminó de apoderar de la ciudad. Los murmullos ya escalaron hasta la categoría de voces y el local se contaminó de perfumes y esencias de maquillajes. La vida rezumaba en un establecimiento que distaba mucho al de aquella misma tarde, tranquilo y ordenado.

Ana, a pesar que deseaba oír a su amiga exponer, le tomó la vez y se apresuró a limar un poco lo áspero del momento.

- "No quiero que confundas mi silencio, Sandra. No es que no sepa qué decir, sólo que me resulta complicado empezar. Y antes de que digas algo que pienses por error, yo...- De nuevo un silencio incómodo entre ambas envolvía todo.

Un camarero se acercó reverente hasta la mesa que compartían y con un ademán servicial sirvió licor en las copas. Ana, sorprendida, quiso advertir con un gesto que no habían pedido que se las volviesen a llenar, pero el atento hombre con un gesto indicador de su cabeza resolvió

- Señora... Han sido invitadas por el señor Davolio. Con permiso...- dijo, mientras se retiraba con una actitud casi marcial. 

Miraron hacia la barra, donde sólo paraban los empleados para recoger los pedidos de los clientes, y observaron como un tipo, con aires de nobleza les sonreía mientras hacía una sutil y cortés reverencia agachando leve su cabeza.

Sandra se enrojeció al darse cuenta que el dueño la había reconocido y bajó la mirada, aunque le pareció un gesto muy caballeroso. Recordaba lo que pensó acerca de aquél hombre cuando la sorprendió ante su cariñosa y escueta pero nada escondida actitud hacia aquél otro que se presentó de forma inesperada para su sorpresa.

Ana, sin embargo, tan sólo asintió en correspondencia.

- Es curioso...- irrumpió Sandra. 

- ¿Sabes? Antes de nuestra cita me detuve aquí mismo y...- Se calló.  De forma inesperada, quien las acababa de invitar aparecía ante ellas. Su aspecto era impecable y tan atractivo que imponía respeto y llamaba a la admiración.

- De nuevo por aquí, signorina. Me agrada reencontrarla, y que me honre de nuevo junto a una acompañante entre estas paredes. Espero no haberlas importunado con mi ofrecimiento anterior-. En sus ojos se  adivinaba la satisfacción que expresaba de forma verbal.

De pie junto a la mesa, Giovanni Davolio era la encarnación misma de la duda razonable para Sandra. Por su mente discurría cercenar taxativa cualquier intento de su amiga por darle alas a aquella situación que tanto le incomodaba, pero la presencia de aquél hombre, por un momento, la persuadió de su ataque-defensa sobre Ana.




Escritor




No soy escritor. Ni mucho menos tengo el don de tallar la palabra y hacer con ésta filigranas que asombren. Me gusta tratar de aprender sobre este regalo, de mimar el arte de plasmar las emociones, las realidades o ficciones en papel. Me contento con suponer que, alguna vez, alguien se sintió en comunión con mis pensamientos plasmados en las letras doradas de mi blog.

Escritor... Esa es una categoría donde no todo el que escribe puede pertenecer. Escritor no es sólo quien imprime letras sino quien es capaz de llegar, de crear dilema o hacer creer que es fácil salir de uno donde el lector está perdido. De inventar una sonrisa en una cara entristecida.

Escritor es aflorar lágrimas en una tragedia. Ser cómplice en las penas. Refugio en la melancolía. Compañero en la soledad. Amigo en la desesperanza.  Abogado en el desasosiego. Médico cuando duele el alma. Calor en el frío que nos hiela ante lo inesperado. Es saber ser azúcar y sal en cada necesidad.

No soy escritor. ¡Imposible! Tan sólo reflexiono desde las pausas que la vida deja en ocasiones y hay que saber aprovecharlas. Escribir es dejarse llevar y lograr que otros se arrastren contigo a un mundo, inventado o no, donde el mayor placer consiste en sonreír, suspirar, llorar, sufrir, sentir, vivir y ser un personaje diferente, un actor que alguien -un escritor- pensó para ti.

domingo, 8 de junio de 2014

¿Revolución o evolución?




Una vez más sobre España. Creo que nunca hablé tanto sobre lo que aqueja a este país tanto como lo hago desde el 2 de junio. Sin embargo, veo justificado exponer las razones que me llevan a ello. No les importan a nadie, pero sí a mi y yo, como el resto de españoles, formo parte del pensamiento nacional, esto es: la pluralidad social. Creo que puedo ser parte de la solución, no de su problema.

Leo que una mayoría del pueblo prefiere a Felipe como rey que a un presidente elegido en República. Que el apoyo manifestante a la renovación del estado político, en números de congregados, refleja que una parte del país cree que este es el momento para un cambio institucional. Me sorprendo con una respuesta a las bravuconadas independentistas catalanas que por su carácter, siempre sublevando en contra de la nación, pueden ser consideradas como motivo de un conflicto con el ejército y se lee "guerra civil". En las redes se desatan los ánimos y se descubren los deseos más oscuros de quienes hablan de democracia y libertad -más propios de la Francia de 1789- donde se desea, incluso, cortar la cabeza al Borbón. Recalcitrante.

Oído lo oído, coherencia muy limitada la de políticos y pueblo. Siendo lo más necesario, sin dudas, es lo menos utilizado en esta semana de convulsión ideológica y de sacar o comprar banderas en el chino de al lado de casa. Y eso es preocupante, pero parece que se ríen las gracias desde los afines a estos mentecatos.

¿Este es el cambio que propugnan algunos? ¿Es la falta de neuronas de estos personajes la que logra que se escuchen y lean algunas barbaridades?

De nuevo, como decía en mis dos reflexiones anteriores "Dos Españas aún" y "Suspiros de España", la sinrazón es la que ondea ocultándose entre colores. Todo vale porque sí. Porque hay quienes han visto ahora el momento oportuno con el que tan sólo soñaban (hoy, cuanto menos, ya ilusiona). Pero el querer aplicar un cambio en nuestro sistema constitucional, no excusa de exponer y proponer desde la congruencia.

Volvemos a sacar lo que en España aún no hemos guardado, me reitero y no me importa. De nuevo recelos, rencores y desprecios. Dos versiones de la necesidades de un país que se enfrentan en vez de contemplar desde la unidad lo que es realmente imprescindible. Pero no. Regresa la izquierda rancia junto a la nueva corriente, muy idealizada, que conmina al cambio desde las acciones más reprochables que, sí o sí, generan odios por un lado y una exacerbación errónea de lo que quieren que se haga por otra (el referendo).

La injuria a la bandera española es, por ejemplo, uno de esos actos. 

Cabe decir que ello viene dado por la percepción, no confirmada, de la defensa de una mayoría de la transición de la monarquía hacia la república. Es decir. Las reivindicaciones multitudinarias no hablan por una totalidad, sino por una parte y, una parte es sólo eso... Por mucho ruido, nuevas páginas de aliento e ingentes proclamas al llamamiento -¡Al alzamiento! He llegado a leer-.

Desde los grupos políticos, tan sólo los más extremistas se han posicionado junto a esta demanda, siendo que el resto han apoyado el traspaso de la Corona del rey al príncipe, aunque desde sus bases no todos estén conformes, pues lo consideran una traición a sus ideales (de nuevo los ideales). 

Pero esa es la responsabilidad política que se echa en falta, la misma que se originó durante la Transición: por la unidad, por el bien común y por un futuro en paz. Lástima que aquellas premisas hoy sólo queden en la memoria, y no de todos al parecer.

¿Un proceso abierto donde los ciudadano elijan si quieren rey o presidente? ¡Bien! ¿Por qué no? Pero no así... Lo que aquí se da es, ni más ni menos, que la exaltación por la sorpresa y de ahí la beligerancia -sí, he dicho eso- por la causa. ¿O no es beligerante quemar banderas, insultar a quien no piensa igual y exponer abiertamente atrocidades sobre qué harían con los miembros de la casta real?
¿Esa es la tolerancia de la nueva forma de gobierno que están reclamando?

Desde ese punto de vista, el referendo para elegir el sí o no a la III República Española queda deslegitimado. 

Pienso que España no está preparada para un cambio así. Nuestras ideologías no se han filtrado del detritus que las enturbian y la prueba está en internet, en las redes sociales... Cientos, miles de comentarios donde no se habla de reestructuración en común -en realidad lo de común sólo sería efectivo porque se habla de referéndum-. Se expone lo que anhela una parte del país y, más veces veces de las que serían deseadas, se hace desde la inquina más despreciable desde ambos sectores.

Según los datos aportados por medios de comunicación, insisto, una mayoría prefiere la continuidad de la Corona, ¿por qué? Quizás porque es lo que ha dado la estabilidad de la que adolecíamos desde un concepto de gobernabilidad

España no necesita separarse de nuevo. No requiere enfrentamientos por ideales, ni cambios de banderas. Pero los españoles no concebimos la realidad en la cohesión. Seguimos pensando en pequeño, en imitar repúblicas bananeras con los emblemas de un sistema político fracasado, embarrancado entre lodos y con un discurso que habla desde el pasado.

¿Una república? Si es lo que el pueblo desea que sea... Pero no a imagen de aquellas donde rigen dictadores y el totalitarismo (ya se ve que eso no sólo es cosa de casas reales). La izquierda española debe dejar de edulcorar las realidades de aquello que ven como un ideal y ser razonable con lo que la mayoría del pueblo español requiere en política. Es posible una izquierda sin héroes de chichinabo, sin asaltadores de superficies comerciales, con un alegato consistente y realista, alejado de insinuaciones de prosperidad inespecífica si el gobierno fuese de ellos.

No cabe de nuevo un levantamiento. 

Triste España que de sangre tiñeron banderas y de odios vivieron tus hijos, y hoy hay quienes sacan de las tumbas aquellos rencores que huelen a podrido.

Por mi parte, defiendo a España sin tres colores. Eso lo dejo claro. 

viernes, 6 de junio de 2014

Suspiros de España




Así, con el runrun de la melodía del famoso pasodoble de Álvarez Alonso y la vocecilla de Estrellita Castro cantando afligida cómo se separaba de España me hallo.

Suspiros de España supuso la banda sonora de la tristeza de un país roto por una guerra de ideologías, que acabó por echar a quien no había muerto por ello. En sus acordes la melancolía, en su letra el penar de los que padecieron un destierro entre obligado y necesario.

Una de las dos Españas que dejó helado a Machado marchaba, mientras que la otra -que también escarchaba el corazón- se revolvía entre miedos, hambrunas y dolores de rabia por los que ya no estaban, de una forma o de otra.

Aquella España marchita quemada por el fuego, no del sol, sino de las bombas y removida por las ráfagas, no de aire, sino de las balas, quedaba abandonada a su propia suerte. Ya no servía ser complaciente agradador de Alemania o Italia; era inútil buscar camaradas de la famélica legión en sus entrañas o fuera de sus fronteras. La España de la posguerra estaba como La Isla que dejó aquella Lola que se fué a los puertos: sola.

Más de medio siglo, toda una vida, y a esta nación le falta un Manolo Escobar  que la anime con un "¡que viva España!". Cuando parecía que este país se unía en penas y glorias (estas últimas, por norma general, deportivas) para capear un temporal de levante que alborotó y arrastró a las arenas que se encontraban inamovibles en un desierto de apatías y conformismos resulta que, de nuevo, los colores y las ideas vuelven a aliarse capciosos para enfrentar a hermanos de patria.

Gritos por un tercer intento de hacer republicano un país que, por imposición y por costumbres, siempre fue monárquico, enseñas tricolor ondeando junto a puños en alto y con discursos que hablan de derrocar, de sufragio... Entre el pueblo se oyen acusaciones sobre si quien defiende según qué modelo de Estado es un subversivo o un patriota. Un país que olvida su pasado se condena a un Alzheimer que terminará con crudeza con una sabiduría serena, que es la que da la experiencia.

España está inmersa en recuerdos puntuales. Revive y se condiciona en aspectos políticos, sociales, incluso coyunturales cuando convergen las circunstancias propicias, según se quiera manejar su propia historia.

Hoy, el pueblo que hasta hace poco luchaba por superar la grave enfermedad del cáncer de la crisis, ha sucumbido al virus del oportunismo del que se vale quienes buscan -qué ironías- estabilizar el país desestabilizando su modelo de Estado. En las redes sociales, en los medios de comunicación, en las tertulias de amigos, en las calles, se enfrentan verbo a verbo las posiciones encontradas entre quienes desean cambiar la oligarquía actual -en la definición de la RAE más genérica posible- por la que impondría la República.

¿Para qué engañarnos? Sea Felipe VI, sea... ¿¡Quién sería Presidente de la República Española!? ¿Rajoy? ¿Lara? ¿Iglesias? Qué dilema... ¿Otras votaciones? ¿Cómo iría eso? En fin... Que sea quien sea el Jefe de Estado, seguiríamos siendo gobernados por unos pocos, aunque lo decidiéramos entre muchos. Lo único que cambia del pastel es la guinda, hoy azul borbón y quieren poner una roja pasion(aria). 

¿Para qué decir lo contrario? Quien suele exigir este referendo no enarbola la rojigualda que, por norma, son los partidarios de proseguir en la dinámica que rige hoy -por lo general, ¿eh?-, sino aquellos otros que dicen que la bandera de tres tonalidades representa la libertad, la igualdad y los derechos, en tanto que la actual recuerda el golpe del dictador Franco. Cosas de la historia sesgada...

Suspiros de España que se confunden con los vientos convulsos de un temporal que ya debía haber pasado y que, sin embargo, aún hacen airear ideas que no unen, sino que segregan. 

Mientras, los jóvenes, hoy como ayer, siguen preparando maletas, contactando con quienes les abrán paso en un idioma diferente al vernáculo. En sus casas quedarán familias entristecidas e indignadas que no piensan en emblemas multicolores, si no en el hijo que se va. 

Seguimos igual que hace más de medio siglo, envolviéndonos en sábanas que no nos quita el frío de la desesperación ante salarios irrisorios, donde el rico se hace poderoso y el pobre mendigo; intentando  sobrellevar una vida digna dentro de un crack económico que se ha llevado, como en el del 27; vidas por delante, hundiendo la prosperidad y anhelando respirar nuevos aires.

Desde este balcón, apoyado en su pretil, mirando al vacío sigo oyendo desde la nada esa musiquita tristona que me hace recordar imágenes de otros tiempos: lágrimas de una España que no se quería  marchar, suspiros de otra España que anhelaba no mirar atrás. Y hoy... Vuelven las banderas para separar.

miércoles, 4 de junio de 2014

Dos Españas aún

Qué país más triste este. Qué país más mentecato, cerrado, ciego, ensordecido por comentarios que se alzan en voces de una mayoría que no es la totalidad, sino parte.

Donde otros vieron en sus errores, en sus barbaries, en sus fratricidios, un ejemplo a no seguir y, sin olvidar, a ser el punto de inflexión donde pasar una página, un capítulo entero, y mirar hacia un futuro diferente con la dolorosa lección aprendida... En España seguimos usando gestos, palabras y símbolos de un pasado que se antoja demasiado reciente y sin visos de pasar esa hoja recubierta del ocre con el que los años suelen ajar.

Tras ocho décadas desde aquél terrible enfrentamiento a muerte entre hermanos, continuamos ejerciendo de fachas y rojos, seguimos ondeando dos banderas, abrazamos las creencias impuestas sobre las ideologías convirtiéndolas en románticas concepciones que no hacen más que darnos una visión edulcorada de sus realidades. Se habla de revolución como si este país no necesitase mejor un consenso, una estabilidad en su visión como unidad política. 

Y, a todo esto, la respuesta del otro pensamiento dividida, a la par, en quienes anhelan una paz real y los que responden con el mismo tono rancio

Triste es que este mensaje no lo entiendan a quienes va dirigido, que insisten en ese rencor a su propio paisano por mor de unos colores con el recuerdo de una contienda civil siempre presente. A pesar de todo se incide en rememorar la historia que se fraguó en divergencias y en recelos, en resucitar muertos, en levantar muros, en cavar barricadas, en disparar fictícia pero gravemente con el odio en la mirada, con la rabia en las palabras... No dejamos que aquellos que perecieron en una guerra inútil descansen, los hacemos luchar eternamente. En los pueblos abandonados donde persiste la huella de la incoherencia aún se respira el dolor y la tragedia. 

Todavía se eleva a los altares ideológicos las figuras de aquellos que abogaron por la sangre en lugar de la palabra y lo justificamos.

Hoy, como hace tres cuartos de siglo, seguimos viviendo en dos Españas. Seguimos inmersos en un debate innecesario que ya debiera haber concluído. ¿No fue aquella lucha encarnizada motivo de escarnio? ¿No aprendimos la lección? ¡No! Como siempre los puntos de vista quedan sesgados por un posicionamiento social.

 Idealizamos al malo y al bueno. ¿No hubieron santos entre los defesores del gobierno republicano? ¿No hubieron demonios entre los sublevados? ¿Quién defendió la libertad? ¿El que decidía matar curas y humillar a religiosas e incendiar iglesias? ¿¡Eso es apoyar un sistema abierto y plural!? ¿Quién decía ser un buen español e iba a misa diaria? ¿El que practicaba la venganza contra su vecino por ser contrario a su ideal?

 Y de esto hace más de tres cuarto de siglo... Lamentable.

Lo siento. La verdad es cruda. Y hoy día aún hay mucho correligionario quemaiglesias y matacuras. Mucho puño en alto dispuesto a destinarlo al resentimiento. Mucha propaganda y proclama que habla de libertad, de derechos a decidir, a expresarse de forma abierta, de ser creyente o no... Pero eso se queda en demagogias, porque en realidad se piensa en ganar la guerra. Y otros que piensan que se la pueden ganar. 

Aún estamos de esta forma. 

Si muchos aprendieran de la historia en vez de usarla a su antojo seríamos un país digno, pero parece que la dignidad solo se adquiere cuando morimos.

Os dejo un ejemplo de arrepentimiento, amor y sentido común:

"PAZ, PIEDAD, PERDÓN"

Epitafio de don Manuel Azaña (Presidente de la II República Española)





Referendo por una corona



Eso es lo que aquí se muestra...

Muchedumbre en las calles, enseñas orgullosas de sus principios, de su entusiasmo por una forma de pensar que choca de frente con no pocos contrariados que los ven, doy fe, como una lacra absorta en sus acciones propagandísticas y con un líder -dicen- poco fiable, ambíguo, déspota o con gran facilidad para lavarles el cerebro a base de bonitos y elaborados discursos.

Murmullos imposibles de acallar, gritos que no se pueden dejar en los adentros, emociones que se reflejan en las caras, todos unidos en unos mismos colores, envueltos en canticos que expresan el orgullo de su ser.

No son mayoría, pero se hacen notar. Son multitud. Reclaman poder expresarse en libertad. Portan emblemas que representan el sacrificio, el dolor y la libertad del hombre. Su defensa a ultranza de la mujer, de su derecho sobre  su hijo, de su papel principal en la propia historia que quedaba relegada a cumplir como actor secundario pero que, sin embargo, se le reconoce su importancia.

Manifestantes de convicciones muchas veces incomprendidas, incluso diana de mofas, de no pocos insultos y desprecios porque no se entienden sus códigos, sus motivaciones, sus ideales... Siempre llamativos, siempre colapsando calles, nunca inadvertidos, de indumentarias definidas que implican su pertenencia al colectivo y su filiación incondicional a sus propios estatutos, en definitiva: a su pensamiento.

En su trabajo está el congregar al pueblo que los observa, a veces con recelo, otras con admiración, no pocas veces con rencor, y exportar a las mentes cerradas y obtusas un ideario que aboga por liberar de las cadenas que los oprimen y empobrecen: el dinero, las injusticias sociales, la falta de solidaridad por el bien común... Y aún así, con su intención de ser un revulsivo que abra los ojos a una verdad distinta a la que estamos doblegados a creer. 

Exhiben sus proclamas orgullosos, representan un ideal complicado porque no es sencillo ni tan siquiera para ellos mismos llevarlo a cabo. Es un reto y en toda prueba siempre puede escoger uno la respuesta incorrecta, el camino erróneo, la decisión más inoportuna... Y eso genera desconfianza en esa estructura, interna y externa, que la hace dudosa en no pocas ocasiones y aborrecida otras.

Y no es un referendo político lo que reclaman, sino cofrade. Así pues, refrendo:

Refrendo el azahar como el olor que distinga el reino cofrade. Refrendo "Amarguras" como su himno. Refrendo la voz del capataz como lengua co-oficial junto a la vernácula, esa que se aprende de pequeño cuando se oye el primer tambor del Domingo de Ramos. Refrendo el palio como su puerta de entrada. Refrendo Andalucía como su capital y a Sevilla como embajadora por derecho propio. Refrendo a María Santísima como reina irremplazable. Refrendo un vasallaje de amor a su figura coronada en oro o plata. Refrendo la lealtad del pueblo en sus emblemas argénteos bombeando en su pecho. Refrendo la pluralidad del costalero o del cargador. Refrendo el derecho a elegir en Sevilla Macarena o Triana, en Cádiz La Palma o Santa María. 

Puestos a decir que las multitudes piden referendos... ¿Qué podemos decir del que el sábado se pronunció en Sevilla hablando de coronas?



lunes, 2 de junio de 2014

Pan y...




El rey abdica. Cede la carga de la corona al samaritano impuesto, el príncipe Felipe.

Tras casi 39 años de reinado constitucional d. Juan Carlos se retira de la política activa. Sí... Política activa. Aunque en este país la memoria sólo es histórica para algunos hechos, también habría de recordar otros mucho más recientes y que, sin embargo, se postergan o sólo se olvidan porque lo que tenemos hoy día (la libertad de ser y decidir) lo han conseguido ¿quienes..?

Estoy conforme y comparto -lo siento- que España es como un tarrito de miel, no por lo dulce, sino porque atrae a cualquier insecto dispuesto a chupar del bote, y los últimos movimientos dentro del seno de la familia real confirman que nadie se libra del símil.

¿Y ahora qué toca? Pues toca lo que toca. Clarines que indican que el chiquero se abre para dar salida al becerreo que berrea ante la luz de la salida a la plaza.

Desde los colectivos antimonárquicos celebran la noticia con desmesura. Ya se ha convocado movilizaciones y algún referendo para que podamos decidir sobre qué tipo de oligarquía queremos. 

"¿¡Ha dicho oligarquía!?"

Sí, eso he dicho. Porque, que yo sepa, no existe ningún gobierno que sea cosa de mayorías, pero sí de demagogias. ¿Ni siquiera los que desean una república caen en la cuenta que seremos dirigidos por unos pocos? ¡No me lo creo! 

¡Ah! Que lo que importa no es que sea lo mismo de siempre -unos suben al poder, dicen trabajar por el pueblo y a vivir como reyes, aunque sean contrarios a ellos-. Lo que importa es cambiar el collar... ¡Acabáramos! 

Esta es la realidad. ¡Es así! Quitamos un rey y ponemos un peón. Cambiamos un modelo que supuso la tranquilidad socio-política de una España convulsa por el desconcierto de una nación que, para qué engañarnos, vive con normalidad el modelo de Estado actual. 

¿Aborregados? Tanto como los que se dejan embaucar por cantos de sirenas desde las profundidades desconocidas de un mar que pretenden revolver a costa de una abdicación, envuelta en el sentido común de quien ha sabido mantener la estabilidad nacional e internacional española.

Habrán muchos que opinen que ha sido un chupóptero impuesto por Franco, sin embargo la realidad es bien distinta le pese a quien le pese y me da igual lo que el resto opine de mis palabras. Este país, otrora España, otrora realidad nacional y hoy un juguete en manos de unos que no terminan de creérselo y con muchos antojadizos que quieren manejarlo a su antojo es sin dudarlo, por mayoría suficiente, juancarlista. El hombre que adquirió por dedazo el destino de un país de un solo mando y que, por coherencia -de nuevo- instituyó una democracia, inédita durante 40 años en la historia española.

Que sí... Que es una monarquía y con ellos se piensa en las castas del Borbón de La Pepa gaditana, o se acuerda uno  de Robespierre, de María Antonieta y hasta de Joseph Ignace Guillotin. Pero este sucesor de la triple flor de lys francesa en nada se parecía en las formas de hacer política de aquél Fernando déspota, que bien poco tuvo de santo a pesar de que diese nuevo nombre a la antigua villa de la Real Isla de León (San Fernando) y otras tantas poblaciones de aquella España en la que no se ponía el sol.

Es injusto que esta sociedad reniegue del papel fundamental durante este reinado, donde el pueblo tenía la libertad de decidir sus gobernantes, donde daba igual si el poder elegido recaía en la derecha o en la izquierda; donde se permitió la reorganización legal del derecho obrero y se contó con figuras tan controvertidas como Carrillo -controvertido sí, y soy comedido-, buscando una unidad que hasta entonces se basaba en el pensamiento unidimensional, como señaló el filósofo alemán Marcuse: la imposición de la clase política dominante y sus altavoces propagandísticos.

Y hoy, 2 de junio de 2014, cuando el rey Juan Carlos I anuncia que abdica en favor del príncipe Felipe, la arrogancia de un partido salido de la nada (de la indignación del pueblo dicen) expone que su aparición y triunfo generaría cambios y se achacan este hecho, trascendental en nuestra historia reciente, como mérito propio. Es la oportunidad hecha noticia de derrocar al poder instituido en contra de la voluntad popular (¿de veras?). 

Puede que hace casi 40 años no tuvieran más remedio que tragar por el bien común -y hasta personal-, pero esa es la diferencia: hoy se mira el color (o tricolor) que nos conviene y al resto que le den. ¿O no? Que para eso son unos aborregados (es que ese término gusta mucho) o, en el peor de los casos, fascistas. 

Así es este país, insisto mil veces, anclado en el obsoleto lenguaje que tanto asquean unos y otros aún echan en falta, de los años de la Guerra Civil española. Qué ironía. Hablamos de progresismo, de avance, de mirar al futuro como un país democrático y miramos a Francia, a Alemania, a Inglaterra... Y a nuestro propio pasado. Pero eso sólo logra consolidar nuestros odios ideológicos. Nos retrae al pensamiento de aquellos años de rencores donde existía el afán de ver muerto al vecino por proclamarse rojo o llevar la camisa azul. Y nada más hay que leer comentarios en Twitter o Facebook, toda una colección de comentarios irresponsables e improperios llenos de furia.

El rey ha abdicado. España contará con un nuevo monarca que se debe a la Constitución de todos. Aunque seguro que habrá más de un pero, continuas trabas y más que probables alteraciones en forma de protestas y exigencias de revisiones de la no continuidad de la sucesión real.

 No me considero un súbdito avasallado, sino un ciudadano que anhela la estabilidad de su país y esta no pasa si no es por la consolidación de la lógica política y social. Cosa que, desde luego, se ve harto difícil de consensuar mientras cada uno barra pa'su casa.

Ahora toca pan y... ¿Tortas? Nada más que se habrán de leer las sandeces que se escribirán en las redes sociales y con las que más de uno, político o no, se investirá de gloria hasta que se confirme a Felipe VI como sucesor del trono español.




Historia de un libro (a mi hermano Jesús Rodríguez)


(A mi hermano en la fe Jesús Rodríguez Arias, por su tesón a pesar de las dificultades y su honda fe que es guión de muchos, y en su "Diario de un blog" dará  luz a tanta oscuridad)



(Imagen de San Fernando Cofrade)

Un libro es
depende de su contenido, su fin y su autor. En sí es la esencia última de quien lo firma. En él se reparten historias, anhelos, sentimientos, realidades o ficción.

Es complejo describir qué es un libro porque todo depende del actor y del espectador. Un cúmulo de circunstancias que dirimen sobre cómo hacer partícipe al buceador de quimeras en aquél mar de letras por descubrir.

Así surge el verso o la prosa en las páginas vacías, de la experiencia, de aquello que nos llena y hace que queramos compartir lo que nos supone apreciar, padecer, gozar, reflexionar... Deseamos exportarlo, confiar nuestro yo más profundo a desconocidos que desean encontrar acontecimientos, vivencias, que hagan tambalear su interior.

Un libro es néctar. Lo intrínseco. Lo que nos pertenece. 

En su alma están escritas nuestras propias semblanzas. Los personajes somos nosotros o nuestro contrario, lo que añoramos, lo que odiamos, lo que envidiamos. Pretendemos reflejar dudas, planteamientos, emociones. 

Queremos ser mediadores entre dos mundos: el que vivimos y al que queremos escapar. Insistimos en intentar convertir al lector en protagonista o en antagonista, inmiscuírlo en una diatriba que desenmarañar o que lo envuelva en una imposible madeja.

Un libro es compañero. Pañuelo a veces, motivo de lágrimas otras.

Requiere destreza, empatía, conocimiento del ser humano para que cumpla la difícil misión de llegar hasta donde intentamos penetrar. Es la vida misma con sus complejidades, con sus simplezas. Lo que  para uno puede ser una guía para otro quizás sólo sean incongruencias. Párrafos y párrafos de sinsentidos.

Podemos aspirar a enseñar. Incluso a ser tutores de quienes tomen un sendero basado en nuestras percepciones, a las que llegamos tras interiorizar nuestras sensaciones antes de demostrarlas de forma abierta al mundo.

Un libro es... El lector... El escritor... Sus personajes, su desenlace, su moraleja, sus enseñanzas, sus  parábolas, su encuentro o desencuentro cuando choca de frente con nuestra forma de ver las cosas.

Puede dejarte indiferente y hacerte perder un tiempo precioso en el que pudieras haber encontrado lo que deseabas entre otras hojas. A lo mejor es el evangelio que aguardabas hallar y en sus versículos esté el Dios que necesitabas que te hablase. 

Lo que es seguro es que un libro es entraña, espíritu, fondo y razón de una necesidad que debía salir y hacerse conocer, porque en cada capítulo que se ahonde descubrimos más a los demás, nos descubrimos más nosotros mismos.








sábado, 31 de mayo de 2014

La Muy Macarena



Día grande Macareno. El centro de Sevilla colapsado por una marea de verdes Esperanza. Ya se escuchan adjetivos que no son nuevos en su concepto, pero imprimen la importancia de la jornada: "de macarenas maneras", "macarenizar"... Y así cuanto gustemos de ensalzar verbalmente el acto culmen del cincuenta aniversario de la coronación macarena (¡hala! Ahí va otro. Sin preposición ni artículo: Macarena sin más).

Las calles colapsadas entre macarenos cofrades y el resto. Porque macareno es un título que hay que resaltar y, como pasa en esta tierra que se mira tanto al espejo del río, después está todo lo demás.

A pocos le importarán que desde las claras del día esté la ciudad sitiada, suene el jolgorio de la muchedumbre enfervorizada, las terrazas de las cafeterías atestadas... Y si se quejan ellos verán. A ver quién es el guapo que rechista con la Señá Macarena vestida de madrugá.

Macarena es fe universal. Es nombre de muchachas en su reino de Sevilla, en Andalucía, España y la humanidad. Macarena es nombre de barrio universal. Y nombre de arco que le pone puertas: Postigo de la Macarena, gigante portal.

Macarena es un color, como las mariquillas su flor. Macarena es un palio. Macarena un bastión que lleva Sevilla entera, sean macarenos o no.

Macarena tiene nombre marinero, ancla del barco entre aguas del desespero. Que no se enfaden los trianeros, que Esperanza es nombre de velero que, como dijo Machado, dos velas sopla el mismo viento. Y ese viento es el mismo también para el macareno.

De macarenos andares, de sentir macareno, de macarenas formas, de vivir macareno, de sueños macarenos, de madrugás macarenas, de macareno semblante... ¡Eso es, Macarena, amarte!

La ciudad que te tiene por bandera, se llena la boca al nombrarte, se le acelera el pulso al rezarte, se le seca la garganta al gritarte "¡Macarena!". De Sevilla, su estandarte.

Pues desde aquí que conste en letras de un gaditano que, con macarenas palabras, se hace eco de lo que vio esta mañana entre el gentío que acompañaba a la Virgen vestida de maravillas de Ojeda. A la ciudad hay que ponerle en su honrosa leyenda una que la eleve a la gloria: ...Y la Muy Macarena.

viernes, 30 de mayo de 2014

DE PROFUNDIS



Estando tan cerca de Pentecostés aún somos no pocos los "jartibles" que se giran cuando escuchamos un tambor por la calle; que nos entretenemos en ojear vídeos de la pasada magnífica Semana Santa, como esperando reencontrarnos con los sentimientos de aquellos momentos.


Por las calles aún resisten cortejos procesionales de devociones letíficas que calman el escozor de una semana de pasión que se queda corta y, entre marchas y perfumes de incensario del mes de María se alivian las sensaciones. Es así... No se puede negar lo básico que es el cofrade en ocasiones.


Es como el resorte de aquellas imitaciones de máquinas de fotografías que se vendían en los kioscos. Un click y salía disparado el muñequito del interior de aquella cámara.


Esta mañana, de forma inesperada me encuentro con unas imágenes de mi Cristo de clámide púrpura. Desde el interior de su templo se produce el inicio del Todo para los cofrades. 


Dejémoslo claro... La salida procesional es, para muchos, Alfa y Omega, porque es ahí donde se conjugan las sensaciones más íntimas. Funciona aquella idea que se pierde en las centurias de llevar la Iglesia a la calle.


Pero vuelvo a la impresión que me causa esa escena. Desde el coro, se graba aquello que sólo tienen la dicha de disfrutar unos pocos. Fuera, en la plaza, suena una marcha. El sol y las sombras de la parroquia se conjuran para tejer una cortina invisible, pero inefable. No se ve qué pasa dentro.


La multitud oye con expectación. Se ha hecho costumbre en tan poco tiempo que, previa a la salida, suene una composición como a modo de salutación. Son las vísperas que preceden a la celebración de la Eucaristía, donde se nos entrega a Cristo, Cuerpo y Sangre.


Mientras, dentro de aquél rectángulo sagrado una vivencia que se basa en el inicio de todo un camino de penitencia, un rosario de creyentes; cada uno una cuenta y cada cuenta un Misterio -doloroso o gozoso-. 


Las notas invaden el sagrado recinto y se levanta el paso. Tranquilo, a pulso, sin "¡al cielo con el romano!". Solo se oyen latidos emocionados -la percusión del alma-. El paso gira al compás buscando encuadrar el dintel de la puerta.


Sólo eso. Nada más.


De profundis clamavi ad te, Domine. Desde el abismo te llamo, Señor.


Porque esa es la evocación que aquél paisaje me rememoraba. Fuera, el gentío ávido de ver un año más como la Semana Santa nacía en su barrio otro Lunes Santo; dentro la contemplación, la emoción y la oración más íntima, como si esa fuera la última vez que fuésemos a contemplar ese instante.


Suena la agrupación, el paso se cuadra, tres golpes de martillo, una voz que manda... 


Aquí empieza todo, ¿quién dice que acaba?


(Vídeo de Pepi García Valmaseda)


https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10202280304544435&id=1095619903


jueves, 29 de mayo de 2014

Reflexión de un votante del montón




(No enjuiciad el escrito por la imagen. Leed la reflexión)

Pasaron las elecciones europeas, llegaron con sorpresas y dejaron tras de sí la incógnita de qué pasará en las próximas generales.

Los grandes partidos, como si fuesen el Madrid y el Barcelona, superados por un equipo empujado por un Simeone con coletas que supone un revulsivo al imperio político del PP-PSOE.

Sin duda ello refrenda el descontento e indignación de todo un país, y las europeas han sido la piedrecita en el cómodo zapato que calzaban sus señorías.

A raíz de ello muchos comentarios se han vertido en torno a la victoria moral, más que otra cosa, de grupos como Podemos, favorables para la izquierda, lamentables para la derecha. Se le atribuye simpatía, por ejemplo, por la causa independentista vasca y su apoyo a ETA, a raíz de unas supuestas declaraciones, ha ido encendiendo de forma peligrosa la mecha de una bomba que, a fecha de hoy, no se sabe siquiera si explotará.

La propuesta izquierdista de este grupo conlleva al planteamiento que, por ejemplo, IU desearía realizar pero que no ha hecho hasta ahora. ¿Por...? Desde su sede se habla de colaborar con Podemos para afianzar un modelo de política de estado afín a la ideología social de estas corporaciones. ¿Hablamos de bipartidismo de nuevo? 

La estampación de una imagen de Hitler con una frase sacada de un discurso suyo alentando a levantar una Alemania hundida tras la I Guerra Mundial, se ha establecido como común denominador entre el líder de este partido y el ignominioso dictador. Pero las cosas cuando se quiere se disparatan hasta lo imposible

A la nueva alternativa se une a Ciudadanos, UPyD (que ya estaba) y VOX, pero ninguno tan desequilibrante como el citado partido de Pablo Iglesias. Desequilibrante, desconcertante y sobre todo reflexivo, debe ser el punto y aparte que ha supuesto la irrupción de esta fuerza que, a días, gana apoyos. Al igual que lo hizo el movimiento 15M, el cuál se autoproclamó independiente y apartidista y hoy...  No se, no se... Me da que no eran tan neutrales como se definían.

De todas formas tomemos la imagen citada, su frase, y enmarquémosla fuera de los contextos que desde la izquierda y la derecha se han posicionado al respecto. Los defensores de tal idea lo demonizan y los que apoyan a Iglesias hablan de conspiración fascista.

Mi punto de vista. Votante del montón y sólo un número para los recuentos.

Si bien la mala baba está instalada en la política per se, no puede obviarse que de todo puede sacarse su reflexión. Y, en este caso, la cosa puede ir por aquí... 

España es un país políticamente débil que, además, ha sido ultrajado por esa casta (palabra de moda), saqueado y derrochada su economía. Durante años hemos visto cómo los ricos se enriquecían más y los pobres se endeudaban para sobrellevar cuantas cargas se presentaban. Es lógico que la sociedad española saltase por algún lado.

A nadie le gusta que le robe, pero si encima es descarado y en las propias narices, pues apaga y vámonos. Por eso el resultado de estas votaciones para las candidaturas europeas pues no me han  llamado la atención, la verdad. Sin embargo, sí es necesaria una meditación desde la cordura que en el éxtasis de unos y el temor de otros no se contempla y lo hago a colación de la nombrada imagen del canciller alemán.

A España no le valen nuevos valores que lleven a la subversión social, sino aquellos que la lleven a la estabilidad y a la credibilidad de personas que puedan cumplir con fidelidad el encargo de llevar hacia adelante su nación. No necesita de reformistas disfrazados de Robin Hoods, sino de gente que vea la realidad actual y trabaje por conciliar sociedad y política.

Es decir, cuando una parte del país ve en Podemos una solución, yo veo inestabilidad. Un proyecto basado en la idealización -insisto- de un concepto, pero en absoluto realista. ¿Pagar un sueldo por ser sólo español? ¿Y quién mantendrá tu futuro? ¿Con qué dinero? Y esto es sólo un ejemplo.

No digo que el programa de este grupo no sea el soñado por muchos, pero es incompatible con la verdad que hoy vivimos. 

En política, no todos son válidos, aunque parezcan que son la solución.

lunes, 26 de mayo de 2014

Triunfitos


Seguro que al leer el título se piensa en Bisbal y compañía, sin embargo la cosa va por otros derroteros, aunque también tenga que ver con dar el cante y con votos.

Tras el día de elegir representantes para Europa, conocer el resultado de las votaciones y sonreir ante la evidencia, queda la reflexión -la de verdad, no la que se hace como previa al día D-. 

PP y PSOE, los elegidos para tener que disputarse quién será salvado de ser expulsado de este concurso de dar la nota que es la política. Pero para ser sinceros... Creo que los primeros en caer seran los de Ferraz. Los socialistas no levantan cabeza desde hace mucho tiempo; da igual si ponen a Valenciano en vanguardia para Europa y a Susana Díaz en retaguardia como el gran recurso, fresco y algo ambivalente, que defienda la idea del partido a nivel nacional. 

El PSOE paga el precio de los gallos -los tonos discordantes- en sus actuaciones. 

El otro gran aspirante, el PP, sufre el síndrome del actor. ¿Qué es eso? Pues crear ficción en la realidad. No digo que este partido no haya cumplido con sus expectativas (impuestas por la propia Europa), pero es tal el papelón de buenos de la peli que creo que no se han fijado que más allá de las cámaras y videocámaras de los medios, no hay película que valga: existe una verdad dura que ningún final hipotético puede endulzar. 

Además de tener un gran miedo escénico. Su apariencia siempre maquillada, de punta en blanco, y con caritas de niños buenos que no rompen un plato si no es porque lo estaban fregando, refrenda el pensamiento de no pocos que creen que les acomplejan que les recuerden su pasado como parte de la derecha española (porque hoy son centro).

Pero hete aquí que irrumpen los inesperados. Aquellos que con -dicen- la humildad por bandera, con un pensamiento abierto y enfocado a la actualidad y a las necesidades que el gran público busca en los nuevos intérpretes, se han hecho un hueco en muy poco tiempo en el panorama lirico-político español: nuestros triunfitos.

Pequeños idealistas con una visión y versión de las urgencias que acucian al país más realista. Nada de grandes cohetes anunciando victorias que llegan a cuentagotas, mirando de reojo hacia atrás como recordándonos de forma constante por qué llegamos a esta situación. Nada de altavoces manifestando qué malísimos son los otros; fascistoides (que estas palabras gustan mucho) que nos han llevado a vivir de sobras y de la caridad -una vez que ya estábamos arruinados sin saberlo-. La rancia derecha, la izquierda rancia como ya titulé una vez en este mismo blog, con un discurso como el adjetivo indica que, además, es el que han planteado en estas semanas.

Estos nuevos protagonistas surgen de la desesperación, del hartazgo, de la imperante necesidad de cambiar a los pimpinelas, con sus tediosas y desfasadas discusiones sobre quien debe dar media vuelta y coger la puerta. 

Y el público ha hablado. La gran máquina electoral, el pueblo, ha decidido por abrumadora mayoría dejar de votar a lo Eurovisión. Esto es, por simpatías: 
"Suecia: 12 puntos. Noruega: 10 puntos. Dinamarca: 8 puntos..." Votó Islandia.

Los Ciudadanos Podemos  tener la VOX necesaria para una Coalición por Europa, Unidos por la Progresía y Democracia. Grosso modo...

Europa, seamos realistas, nos importa tanto como los Estados Unidos Arabes, es decir: lo justo para comprobar cuánto nos suben los impuestos en gasolina, electricidad... Y esto es así y quien me diga lo contrario, qué suerte... Vive en otro país que no es España. Sin embargo, los españoles queremos iniciar un cambio político urgente y con mensaje, y las elecciones al parlamento europeo han sido la gran llamada de atención.

Los triunfitos han demostrado que, sin ser mayoría, son capaces de arrastrar masas, de dar que hablar y de llevarse para sí los votos que, por tradición, se repartían los dos grandes tenores de siempre.

Este público tiene ganas de ver cómo se desenvuelven en el escenario las flamantes voces cantantes y hoy ha quedado reflejado como, a pesar de contar con gran número de apoyos los que ya estaban, en las tablas caben novedosas figuras.

¿Será el inicio del fin de una etapa que ya olía a fondo de armario sin ventilar, de donde se surtían del atrezzo necesario para sus funciones los cansinos cantores de galas rojas y azules?

Hoy Europe living a celebration

domingo, 25 de mayo de 2014

Aniversario de Esperanza

"Lágrimas de Esperanza que se convierten en cera y traen en mayo otra madrugá macarena"


Esperanza de San Gil, pasa la Virgen Macarena otra vez por calle Parra derramando devociones y petaladas de oraciones se cruzan ante su mirada.

 Salteras en su camino riega con pentagramas de plegarias por donde la Madre pasó y dejó mariquillas en Sevilla entera plantadas.

La tarde de un sábado de mayo se convierte en algarada. Por sus calles inciensos, sus balconadas engalanadas y corazones revestidos de medallas de madrugadas.

¿Hasta dónde, Esperanza, Madre de esta tierra que te alaba, eres capaz de llevar a este pueblo que te ama? ¿Hasta dónde, Señora de la Resolana?

Campanas que suenan a gloria despiden a la soberana, y su palio esmeralda se confunde con los azules de una primavera que se acaba.

En su cara una sonrisa. ¡Que no sale en la noche trágica! Que no va tras su Hijo a la sentencia que le aguarda. En su cara una sonrisa y una sonrisa es su cara.

Te llevan, Consuelo, Paz, Amor, Salud, Auxiliadora, Dulce Nombre de María, por caminos que son las cuentas de tu Rosario que rezuman sevillanía.

Devota hija de Ana, Esperanza Macarena -aquella que vive en Triana-soñaré verte de estrellas coronada que no hay oro que pueda vestir mejor tu planta.

Cincuenta años de macarenas remembranzas. Medio siglo desde que tu gente quisiera regalarte su amor en una presea de alabanzas.

(Imagen ABC)

sábado, 24 de mayo de 2014

La cajita plateá (a Cádiz)

¿Cómo es posible que entre ese hilo que separa mares de cielos quepa algo? 

O bien se ha desprendido un pedazo de azul etéreo o ha emergido una perla del fondo esmeralda donde bailan las olas.

Otra cosa no puede ser. En la distancia se observa la conjugación que la divina naturaleza nos regala: 
    
   "¿un cielo marinero o una mar celestial? ¡Qué difícil de explicar!"

Y en esta incertidumbre bendita surge una cajita de un blanco radiante con mil tesoros que guardaron quienes la tuvieron entre sus manos antes.

Abierta de par en par no se puede cerrar, no se quiere ocultar, no busca sus joyas reservar, sólo desea que otros ojos se puedan enamorar.

Cádiz, arcón que empuja Eolo en agüitas que Neptuno hace acunar, mientras que Momo le canta coplas al compás.

Que es mi joyero chiquito, repujado en las alpacas del mar, donde quiero mi corazón guardar y postrar su latido entre sus paredes plateás.

Donde el cielo empieza, donde comienza el mar, queda un hueco nada más que para Cádiz, estuche de una corona de sal.





viernes, 23 de mayo de 2014

Una historia en blanco

Unas hojas en blanco, una pluma y una flor.

Esa imagen que representaba lo bohemio de su existencia era la que, cada día, tenía retratada en su memoria.

Pulcro y ordenado hasta lo enfermizo, su escritorio era para él algo así como la camilla de un quirófano. Tenía que estar desinfectada de todo aquello que pudiera contagiar al paciente que tenía entre sus manos: su escrito. 

Su bisturí, camuflado en tinta negra, pretendía cortar con afilada perfección la carne misma de aquello a lo que intentaba dar forma.

Todo era milimétrico. Cada ruido en aquella casa estaba acompasado. El tic-tac de un antíguo carrillón, el canto ocasional de un jilguero enjaulado... Pocos sonidos que perturbasen, sólo aquellos que suponen un hipnotismo envolvente y oírlos llevasen a otros momentos atrás en el tiempo.

En su imaginación volaban, naufragaban, corrían, besaban, morían, revivían mil historias pero ninguna ayudaba a que el afinado estilete hundiese al fin su plateada cuchilla sobre la lechosa piel de aquellos folios.

Tras él, como si fuese un mundo distinto al que sus ojos veía cuando se enclaustraba entre la silla y el escritorio, su casa rezumaba una paz inmensa. Por la chimenea sólo el crepitar de alguna brasa que moría lentamente entre las cenizas de un fuego que, como la vida, fue apagándose por sí mismo. En toda aquella habitación, la luz de la mañana temprana concedía una visión irreal. Como si fuese algo que se estuviera soñando. Por los grandes ventanales, aún regados por imprecisas gotas que se deslizaban sobre ellos, se desperezaba la naturaleza dormida y se acostaba aquella otra, misteriosa y temida, que la noche amparaba.

Pero embargado en un universo en blanco, aquello no le importaba. No existía más que un gran espacio por conquistar. Galaxias enteras de personajes e historias tan similares a las del mundo de donde él venía y, a la vez, únicas. Quería vivirlas todas, conocer a cada uno de aquellos actores que de momento sólo eran desconocidos para él. 

Mientras los segundos pasaban, asomaban los primeros rayos de sol en aquella estancia donde las sombras creaban seres imposibles que la recorrían ocultándose entre los huecos. Duendes, trasgos, demonios, gnomos, espíritus todos se escondían ante la súbita aparición de aquellas cortinas que el astro rey extendía sobre su reino terrenal.

Con los codos apoyados en la mesa, el escritor se ahogaba en un mar sin fondo. De repente se encontró en una gran soledad y ante él, sin saber cómo, se adivinaban sus profundidades; no hallaba el consuelo de poder asirse a alguna tabla perdida en aquél océano de incertidumbres, no habían delfines que lo salvaran de hundirse, ni aparecían barcos a los que pedir auxilio, ni aves que indicasen la proximidad de alguna isla. Todo era vacío, silencio...

El creador de vidas, el dios que mueve los hilos de sus situaciones, se encontraba ante la terrible circunstancia de plantar las horas en aquél minúsculo rincón. Sin ideas claras, su deidad se consumía ante el desánimo.

Sin dudarlo retomó algunas notas olvidadas en uno de los cajones de su escritorio. Ideas que, en algún momento, pensaba utilizar.

Leyó con impaciencia esperando encontrar un salvavidas perdido de alguna tempestad que, otrora, hubiese vapuleado algún pausado navegar entre mares de letras. Pero nada... Aquella inmensidad se hacía insondable y no hallaba salvación alguna.

Cantos de sirena en sus oídos, que lograban que se sumergiese más y más envuelto en melodías inimaginables y ya el ahogamiento era inminente, imposible de recuperar el aliento mientras se asfixiaba en el gran charco de la desesperanza.

De repente, mientras aquellas aguas del vacío más insoportable cubría ya su cabeza abotargada de pensamientos inconexos, y el oxígeno que le daba la vida se acababa entre breves burbujas de ideas que se fundían y se convertían en parte de aquella infinidad que era la nada misma, contempló como entraba la luz del sol de la mañana entre el oleaje enmarañado de la confusión donde estaba inmerso.

No habían tablas, ni salvavidas, ni delfines, ni aves que indicasen la cercanía de la tierra... No... Pero sabía que tenía que alcanzar aquellos destellos luminosos. Tenía que impulsarse hacia arriba, salir a flote, tomar aire y nadar hacia donde la corriente empujase. La corriente lleva hacia la orilla y eso anhelaba hallar.

Se apartó de su escritorio con vehemencia, la silla quedó a un lado, fuera de su ordenada posición habitual; dejó su pluma sin cerrar y desperdigó por toda su mesa los folios en blanco donde no encontraba qué palabras trazar. 

¡El sol! ¡Aire! 

Buscó como enloquecido salir de aquello que consideraba su inspiración, su pequeño espacio divino donde él era ese dios que todo lo sabe, que rige destinos, que otorga o quita vidas... No quería ser génesis dador de todo y temido por sus designios.

Se dirigió a la puerta que lo apartaba del mundo y la abrió... Sólo eso.

En ese dintel que lo separaba de lo exterior se paró. Frente a él todo un universo del que se había apartado hacía tiempo buscando la perfección, la historia imposible con el fin de hacerla real, el relato embaucador, la poesía más hermosa que los sentidos pudiesen disfrutar y sentir... 

Cerró los ojos, respiró hondo y un perfume fresco invadió sus pulmones viciados del olor a la madera de aquella casa. Entre los árboles trinaban pájaros ávidos de endulzar aquella escena pastoril con sus cantos refinados y, a pesar de sus párpados sellados, se insinuaba la claridad de aquella mañana. La misma claridad que creyó ver mientras se hundía en la desesperación.

Sonrió mientras notaba como aquella luz ofrecía también un agradable calor que le reconfortaba del terrible frío que había sentido entre las dudas de sus hojas níveas. Una gran paz conquistó su, entonces, alma inquieta y entendió que para crear vida tiene que fundirse con ella, que para unirse a la vida tiene que sentirla, que para apreciarla debe amarla y que para quererla ha de ser parte suya.

Pisó la hierba aun húmeda que la noche regó y escribió en el aire: "... la profundidad se hizo orilla, y a su vista gaviotas volaban entre mesanas de barcas que atracadas esperaban un marinero que las desanclaran y en ellas navegara buscando historias nunca inventadas".








jueves, 22 de mayo de 2014

El poder de la palabra

Qué gran arma posee el ser humano. Dentro de sí. Alejado del armamento nuclear, de pistolas, de bombas, venenos y otros medios solventes para dañar, aunque pueda tener las mismas consecuencias metafóricas.

Es la palabra. El encadenamiento o asociación de fonemas junto a su uso inteligente y coordenado puede lograr que quienes sean agentes directos de su construcción (los destinatarios de esta) se estremezcan de emoción, de miedo, de alegría... Es tal su capacidad que nadie queda indiferente, por un motivo u otro, a su fondo final: a lo que quiere expresar.

Una imagen vale más que mil palabras. Frase cierta, pero incompleta. Porque la palabra junto a la escena convoca a ángeles y demonios por igual. Podemos ver a un niño de tez negra adormecido y moribundo y damos por hecho la gran pobreza y deshumanización que sufren en aquellos lares, sin embargo un adjetivo, un verbo, un sustantivo o un anagrama corroborará o volcará nuestra idea impuesta sólo por la imagen. Lo mismo ese niño que duerme es la imagen de la ternura misma si en algún lado reza, por ejemplo, Nenuco. Ya ha cambiado algo.

Así, la palabra, aún sin imagen física es capaz de modificar percepciones, alterar pensamientos, alienar ideas, remover conciencias, cambiar actitudes... Y ello nos lleva a la gran fragilidad del hombre: la facilidad de otros para hacernos ver las cosas según su opinión. Es difícil escribir o hablar y no exponer nuestra versión de las cosas sesgando, de forma positiva o negativa, la información que damos. Facilitamos interpretaciones a nuestros lectores u oyentes según queramos incidir en ellos, buscamos que se afilien a nuestras ideas, a nuestro compromiso, a nuestros fines... Buscamos, en cierta medida, vender lo que queremos promocionar y vendar los ojos de aquellos a los que llegamos valiéndonos de subterfugios que alienten la complicidad que anhelamos conseguir de nuestro destinatario.

Gandhi o Lennon, por ejemplo, buscaban la paz para un mundo en guerras -como sigue- y existen hoy frases que son paradigma de ese movimiento que buscaba justicia y humanidad, a pesar de los años que distanciaban a ambos. Sin embargo, en sus discursos, en aquellos párrafos que quedaron como ejemplo de a qué debe llegar el hombre, se habla de rebelión, de ir a contracorriente, de luchar para conseguir esa meta. 

Qué curioso, ¿verdad? No entro a dirimir sobre si el fin justifica los medios, sino que expongo cómo la palabra remueve mentes y, a su vez, masas.

Hitler abogaba por un cambio drástico que conminara al fin de una decadente Alemania consumida y empobrecida tras la I Guerra Mundial, y fueron muchos los países que apoyaron su inicial discurso que arengaba a los alemanes a la unidad para salir de aquella crisis nacional. No digo más.

La palabra puede ser poesía y crear sentimientos que alienten ternura o desolación. Puede ser un cuento que tenga final feliz o una moraleja catastrófica. Puede ser un discurso que busque soluciones o cree problemas. ¿Qué más puede ser la palabra? ¿Qué puede hacer o deshacer? Lo dejo en el aire.

Entiendo, desde mi humilde punto de vista, que lo difícil de manejar esta arma no es apuntar y dar en el centro de la diana, sino saber manejarla de tal forma que sea capaz de generar opinión y dejar  al libre albedrío de quien la lea o la oiga la decisión final. Es como cuando un terapeuta te dice que dejes la mente en blanco. Su fin es que no te contamines con ideas ya establecidas y sí facilites una nueva visión de las cosas que, otrora, eran perjuicio o yugo. Que seas capaz de ver, con la libertad que otorga el pensamiento descontaminado, con mayor objetividad y menos prejuicio.

No existirá nunca una versión sobre cualquier hecho, habrán más y siempre mordidos por rabiosos cancerberos de cada idea. Para mí, la virtud del orador y del escritor no reside en convencer según su credo, y sí en alentar al pensamiento libre de sus seguidores.

La palabra puede ser aprovechada para  alimentar a la humanidad de coherencias, o ser la herramienta que remueva los excrementos más pestilentes. ¿De manos de quién nos dejamos sujetar? ¿De quien te guía y te aparta de las piedras del camino o de aquél que en vez de sortear socavones deja que metas el pie en él y haga torcer tu caminar?