La visión de las cosas desde la tranquilidad de los momentos. Porque el día da instantes para la reflexión.
domingo, 13 de abril de 2014
Domingo de Ramos en San Lorenzo (Gran Poder entre palmas)
Enredado
sábado, 12 de abril de 2014
Reflejos del Lunes Santo
Que la luna de tus ojos, del verde del mar sombreada, no verán los míos mientras en tu palio te alzan.
Que no veré tus sienes coronadas por las ráfagas de la plata, que no veré en tu pecho las siete rosas pasionarias, que en tus manos de seda no colgaran pañuelos... Que colgará mi alma.
No podré ir el lunes, como siempre, a ponerme a tus pies ante el altar de tus andas, ni pedirte por nada, ni oler las flores que hacen de tu palio estancia perfumada.
Titubearán mis lágrimas a la hora del Ángelus; se estremecerán al no encontrar tu mirada.
Dudarán mis pies que caminan por tu plaza, dudarán mis oídos al no oír las campanas que dialogan entre vientos que se cuelan por la espadaña.
Alzaré mi cabeza, buscaré sin hallar nada, que ese lunes no busco si no es Tu mirada y mi penitencia será no poder encontrarla.
Pensaré en las filas, aquellas en las que yo estaba, en esos momentos en los que sólo pensaba, en recuerdos de niño orgulloso con su capa.
Recordaré el sol andante, con reflejos dorados, deslumbrando Marconi "alante". ¡Y marchas de emperadores tocando a puro arte!
Veré Al de la humilde figura, veré al Hombre hecho Dios asomarse entre las calles ¡y en los balcones chiquillos que quieren a Él arrimarse!
¡Ecce Homo! ¡He ahí tu barrio! Entre casas encaladas, entre olores a pucheros y a tierra recién regada; entre plazas del Castillo y de las Vacas, entre calle Ancha por la mañana y por la tarde ¡más calle Ancha! Entre san Miguel de artistas y Bonifaz, donde la gubia se hizo cuna de la Madre esperada.
Y del sueño despertaba un Lunes Santo en la mañana, pensando que aquél milagro que quería no llegaba.
Y mi penitencia empezaba a horas tan tempranas. Sin la túnica planchada, sin mi capa colgada, con mi venera apoyada en un cuadro donde asomaba una Virgen, con ojos como la luna, reflejada en un mar de color verde esmeralda.
viernes, 11 de abril de 2014
Baratijas
Es mi YO más profundo, o lo más profundo de mi YO, da igual que igual da.
No puedo evitar, sobre todo en estas fechas, que a mi cabeza acudan reflexiones sobre lo que se aproxima, sobre las hermandades, sobre su entorno. Será ese gusanillo que me pica y escuece más por pillarme lejos. Que no siempre la distancia es el olvido.
Hoy me encuentro con una noticia y con una publicación que han noticiado.
La primera, la presentación por parte del ayuntamiento de la idea, esbozo, sugerencia, planteamiento -como se quiera- de la creación de un museo o casa del cofrade. La segunda, la fotografía de una persona -en apariencia indigente- tirada en la Plazaiglesia, frente a la parroquia de San Pedro y San Pablo.
De una, la primera, aún no tengo noticias de la opinión del pueblo; de la segunda, sí. De la segunda ya dicen pestes sobre los "sepulcros blanqueados" que son los que salían de aquel sacro recinto. De cómo nadie auxiliaba a un hombre que, según dicen, no podía mantenerse por sí mismo.
Quien esto comentaba -a través de post en una página de contenido cañailla-, indicaba que estuvo observando como nadie ayudaba a esta persona -la duda me corroe. ¿Un experimento de campo? ¿Observación bajo los condicionantes externos? ¿No implicación, momentánea, para no contaminar los resultados? Interesante...-. Finalmente, ante la desidia de los transeúntes que, viendo la escena, se mostraban distantes a darle solución, los observadores decidieron intervenir (previa fotografía del desafortunado hombre, tumbado boca abajo, y de fondo la Iglesia Mayor: todo un alarde de prensa amarilla, sensacionalismo a marchas forzadas).
Tras la inclusión del post y la consecuente y elocuente imagen, comentarios que hacían prever por dónde irían el resto. Comentarios desbocados, con el prejuicio como bandera, palabrería fácil que inundaba de empobrecimiento a la sociedad isleña en general y al cofrade (como cristiano) en particular. La ociosidad del desconocimiento y la gratuidad del insulto, representado en la figura de quien salía de aquél templo y -a pesar de estar al otro extremo- no prestó su ayuda.
Mientras, por el paseo propio de aquella plaza, pasaban más personas -a las que también se las nombran en los comentarios citados-, pero los malos, salvo una excepción hecha a la totalidad de la ciudadanía, eran los que salían de la parroquial de San Pedro y San Pablo. Posteriormente, las citas se disipan entre quienes conocen al hombre y se abandona -de momento- el tema de la hipocresía del cristiano.
Golpes de pecho de quien, argumenta, ayudó a este hombre; loas de algún familiar por la buena obra y, siempre, las ideas perdidas entre el desconocimiento de lo que hablaba y lo que, según la protagonista -la samaritana- se debiera hacer, por parte de quien corresponda, con el dinero destinado a promocionar, vestir y engalanar nuestra Semana Santa.
Sinceramente, mi reconocimiento por su piedad, y mi sorpresa por ese estudio de campo llevado a cabo -eso lo dice ella, quedarse mirando viendo como nadie socorría al hombre-.
Y, llegadas las fechas, los cofrades lo mismo servimos para dar un pregón que para que nos pongan de vuelta y media, lo llevamos en la etiqueta: usar y tirar. Como una jeringuilla desechable, una servilleta de papel, un juguete comprado en una tienda de "todo a euro"...
Baratijas de cofrades.
De pechos deslumbrantes por el plateado de un escudo colgado del cuello, de miradas que asoman con altivez al prójimo, de oídos necios a palabras ensordecidas, de alabanzas a un Dios que permite injusticias, de arrodillamientos ante ídolos de madera, adoradores del oro y las piedras preciosas. Baratijas de cristianos, despreocupados de la caridad, del compromiso humano...
Banca de sí misma, las hermandades malgastan el dinero público con la connivencia del ayuntamiento, en montajes de carrera oficial, en arreglo de acerados y carreteras, en limpieza de fachadas, en cortes de calles que trastocan a toda la ciudad.
Baratijas de la Iglesia poderosa, que aún tiene la desfachatez de existir con sus riquezas, acogiendo corazones impíos que están más vacíos que llenos de humanidad.
¡Cofrades! Eso sois. ¡Baratijas!
Que nadie hable bien de ti, de tus obras sociales, de tus bolsas de caridad, de tus aportaciones a Cáritas, al "Pan nuestro" -el comedor social-.
Que nadie considere tus ayudas a quienes te buscan en las casas de hermandad porque no puede pagar luz, agua o gas. Porque no tienen trabajo y acuden a tu casa con la esperanza de que les puedas socorrer ¡Como sea! Con una ayuda en viandas, en metálico o refiriéndolo a alguna empresa que necesite mano de obra.
Que nadie tenga en cuenta el trabajo que das a los artesanos del metal, del hilo y la seda, del dibujo y de las ceras; el aliento que le das a músicos, a comercios de siempre que musitan un alivio en su muerte agónica, a pequeños vendedores de quioscos ambulantes, a bares y restaurantes, a hoteles y hostales que sólo respiran en verano...
Que nadie piense que con tu fervor por lo que haces de forma altruista, basándote sólo en tu amor y en tu devoción, revives toda una ciudad, dándole frescor cuando todos se quejan de lo muerta que está, de lo podrido que huele en los días del año.
- "¿Y el museo cofrade?"
-"Ah, perdón. Es que el cofrade, durante todo el año, piensa en cómo sacar adelante su hermandad para poder atender su bolsa de caridad, salir a buscar alimentos para entregarlos a los necesitados que esta crisis nos ha "regalado". Estamos sacando tiempo para engrandecer la fiesta de los sentidos que, durante una semana, convierte una tierra yerma en un prado, donde el incienso y el tamiz del humo cirial, son el reclamo para que nos vengan a visitar y respiren autónomos y empleados. Buscamos momentos, cuando tenemos un hueco para nosotros mismos en nuestro hogar, para darle lustre a la feria con el montaje y trabajo en las casetas. Echamos horas montando nacimientos en la navidad para crear el ambiente oportuno que nos recuerde aquellos años que, siendo niños, nos gustaban tanto paladear en vísperas de Reyes..."
- "¿Qué me preguntaste? ¡Ah, sí..! El museo cofrade... Bueno, eso, Dios dirá. Esas son ideas, de momento; palabras que se quedan en baratijas. De momento solo pensamos en cómo hacer para poder sacar adelante tantos frentes sin descuidar a nadie"
Quede dicho... El museo... Dios dirá.
(En la imagen inferior, la fotografía del hombre desahuciado y no socorrido. -Autora Gema López-. En la superior, miembros de la hdad del Ecce Homo entregando víveres a Cáritas parroquial -imagen de la citada hdad-)
miércoles, 9 de abril de 2014
La Anarcocofradía: entre pitos y cirios
Política cofrade
martes, 8 de abril de 2014
REALIDADES (Reflexión a raíz de la presentación COFRADE APP SAN FERNANDO)
En mi experiencia personal en lo vivido hoy, teniendo el honor de presentar una aplicación con visos de ser una gran ayuda y un mejor exponente relacionado con nuestra Semana Santa, puedo decir que me he sentido muy contento porque, en cuanto a la parte que me tocó, solo pretendí hacer ver que aquello que era novedad en La Isla, realmente, no lo era, y lo hacía asemejándolo a una de esas guías que hay en papel, pero el gran mérito de los implicados, desde mi punto de vista, era digno de encomio, por la complejidad y detalle de la aplicación.
Durante el transcurso del acto y, durante el previo también, conocí personalmente a una persona que me hizo recapacitar -Mariano, el gestor de De San Fernando Cañailla- y su visión de cómo todo, con el tiempo, hace que vayas tomando actitudes más laxas y te vayas alejando, poco a poco, de lo que antes fue tu razón de ser para muchas cosas.
Gracias, Mariano, por salir de tu "agujero" y honrarme con tu presencia.
Poco después, minutos antes de comenzar el acto, departía con Juan Manuel Chaves -autor de COFRADE APP SAN FERNANDO- y me argumentaba, desde su desconocimiento del mundo interno de las cofradías, cómo se había dado cuenta del gran entramado politizante, en no pocos aspectos, que existe en este terreno de cofrades. Sus palabras resonaron tan reales como sorprendidas.
Al comenzar el acto, palabras que representaban mis obras y experiencia como cofrade, empresario y gestor en mi actual emplazamiento laboral. Palabras salidas de un corazón de hermano y citadas por un hermano de corazón.
Desde mi punto de vista, demasiada relevancia para lo que he hecho. Porque, incluso, me llegué a enterar que el representante municipal que acudió al acto quiso informarse de porqué yo para presentar el evento y qué podría tener que ver con ello. No soy el sucesor de Steve Jobs, desde luego, sólo soy un cofrade.
Con ello, conste, no hago crítica alguna al citado representante, pero no quede en mi tintero la verdad.
Seguidamente, mi escueta y humilde presentación. Un engarce de ideas que trataban de aunar lo antiguo con lo nuevo. ¿Logré llegar a alguien? Eso nunca lo sabré. Mejor para mi ego. Porque en caso afirmativo se inflará, se llenará de vanagloria (porque somos así) y no es bueno ese aire que infla, no... Porque es el mismo aire que, con perdón de la escatología, te puede hacer ventosear cuando menos lo esperas. Y, en caso negativo, porque si soy conocedor de ello, mi afán por no perder mis ánimos por ser mejor cada día a través de mis letras, sucumbirán fruto del desánimo.
Así pues, de mi intervención, me quedo con la satisfacción del deber cumplido y de haber formado parte indirecta de un gran trabajo.
La información dada por Juan Manuel sobre el cómo funciona la aplicación: genial. Es informático, no tiene que saber dar discursos, ni nada parecido. Hablando como tal, como ingeniero informático, con la simpleza del que sabe lo que hace se llega a todos. Y él lo hizo.
Me faltó, sinceramente, mucha gente que esperaba poder saludar. No faltaron quienes considero mis hermanos, por encima de todo, y mi familia.
Desde hace no poco tiempo me estoy dando cuenta de lo fácil que es caer en el olvido -voy a ser egoísta-.
Sí. ¡Egoísta!
Cuando lo que has sido y estás orgulloso de exportarlo no es apoyado por aquellos a los que, por mi labor, son nombrados en la unidad de un grupo y, sin embargo, te llaman a filas -cuando requieren algo- como si fueras afín a ellos, un vacío se abre ante los ojos. Un vacío de desilusión.
Mi egoísmo no es ególatra. Mi egoísmo es el que florece por la fuerza y se marchita rápidamente por esa desilusión. Una creencia rota. Aquella por la que, una vez, te daban -¡Ay, inocente!- palmaditas en la espalda; haciéndote creer que agradecían tu dedicación sin horarios.
Sin embargo, hoy he cogido fuerzas rompiendo un nudo gordiano que me ataba demasiado. Hoy me he despegado ¡por fin! de esa cadena que no hacía nada más que lastrarme sin motivo alguno. ¡Cadenas...! ¡Ante las puertas verdes os dejo!
Finalizaba la tarde con un regalo -prometo que inesperado-, pero tan sincero y humilde, que fue sin duda el momento donde más orgulloso me he sentido desde que acepté esta labor, complicada, de presentar el acto en cuestión. De una bolsa, el envoltorio que cubría lo que era visible y, al descubrirlo, se me empañaron los ojos. Mi Cristo y mi nombre, bajo su boca entreabierta, en una placa dorada.
Sin duda, hoy fue un día de realidades. De pasar página. Un día para un después y dejar atrás un antes silente con mucho vacío.
Insisto. Mi satisfacción: haber cumplido. Mi orgullo: haber colaborado en una empresa que busca realzar a la Semana Santa de San Fernando y a la propia ciudad.
Mis coordenadas han variado desde hoy mismo.
Enhorabuena por la aplicación y gracias a Juan Manuel y a José Manuel por confiar en mi. A Jesús por pensar en mi. A Faé por no fallarme y a mi familia por no abandonarme.
domingo, 6 de abril de 2014
En la distancia, Salud
No hay motivos, para el cofrade, por el que no estar alegres hoy.
¡Hoy no!
Hoy es el día D que da paso a la semana S. Hoy es día de iglesias repletas, de calles como hormigueros; día grande para 13 hermandades en particular y una treintena en general, donde las galas se exhiben orgullosas. De mañana de aquí para allá y tarde de paseos.
El día de las conjugaciones perfectas. Donde, desde la humildad de la iglesia del barrio de la Bazán hasta la monumentalidad de la conventualidad del Carmen, todo está engarzado a la perfección. Nada desentona, nada sobra, nada falta, desde Salud en La Pastora hasta Paz en La Casería, desde Humildad en La Ardila hasta Estrella en La Salle.
¿Cabe mayor perfección? ¿¡Cabe por Dios!?
Mi Silencio hoy será patente, aunque ahora no me calle. Mi Angustia quedará para mis adentros. Mi Amor Desamparado. Mi Buen Fin enterrado santamente. Mi Amargura en la Trinidad de mi descendencia que no podré llevar al mismo pie de la Vera+Cruz.
Y Salud... Mi Pasión de este domingo. Mi pregón sin palabras. Mis palabras sin aliento que hablan desde lo lejos; desde lo lejos de unas letras que se escriben con resentimiento. Resentimiento por no verte, por no besar la mano que aún así siento, y sienten mis labios que hoy están huérfanos de rozar con ellos la tersura de tus dedos.
Y miro hacia el cielo, y en el cielo veo el mismo color que ven los que te están viendo, y siento envidia de ellos, y de ellos me revelo porque me dan celos.
Me queda el consuelo, el ánimo, el convencimiento que dentro de una semana podré verte bajo la Gloria de tu techo. Porque desde la distancia, Salud, el tiempo se hace eterno y no puedo esperar a rezarte desde el interior de tu templo.
Hoy no estoy triste. A pesar de todo mi corazón no se resiente, porque en Domingo de Pasión, con los cielos celestes, con las calles repletas de gentes, con el aroma inconfundible de lo que por delante viene, no se puede estar de otra forma que no sea alegre.
(Fotografía de Web La Manigueta)
viernes, 4 de abril de 2014
Patrimonio La Isla. (enREDados a San Fernando)
jueves, 3 de abril de 2014
Carnet de manipulador cofrade
miércoles, 2 de abril de 2014
Volver a ser niño
martes, 1 de abril de 2014
La derecha rancia, la rancia izquierda
lunes, 31 de marzo de 2014
París conquistada por una isleña
domingo, 30 de marzo de 2014
Un ejemplo a seguir: Francisco, el antipapa
Algo cambia en el Vaticano. Algo ha entrado por esas puertas que está dejando vacíos muchos argumentos ya descoloridos. Sin perder su esencia de poder de aquello que fue hace siglos -y que hoy sigue siendo, porque las cosas no se pueden negar- en su sillón papal se ha sentado un hombre.
-"¿Es que antes no lo eran?"
¡Claro que lo eran! Pero no todos tuvieron ese amor por lo que tenían encomendado. No todos vieron su posición en aquellos aposentos como una misión de voluntad hacia quienes requerían un líder humilde y con carisma. Algunos creyeron que su ministerio era eso... Un ministerio, pero político.
Hoy, como muchos españoles que no se dicen monárquicos, sino "juancarlistas", puede decirse de muchas personas que no se consideran católicas (porque no lo eran) sino "francisquenses". Su impresionante impronta de cordialidad, coherencia, sencillez, humildad, valor... Que se refleja no solo en sus palabras, sino en sus gestos -los propios, y en aquellos que fueron comunes a otros que ocuparon su destino-.
Su vehemencia medida a la hora de ejercer como siervo de Cristo, no como representante remunerado de un rico potentado, le reporta la autoridad que sólo el humilde puede ofrecer a la hora de hablar, porque las palabras del sencillo son como gomas que borran aquellas del prepotente que caen por su propia vacuidad.
El papa Francisco, el verdadero antipapa que rompe las reglas; aquél que no viene en nombre de Pedro, sino en el de Dios. Aquél que no es Dios, sino Pedro. Aquél que tiene la Palabra por palabra y la madera de un humilde sillón por asiento, como aquellas que el mismo Jesús hacía con sus manos de carpintero.
El hombre que viene a cumplir su función de servir, a cumplir su misión de dar ejemplo, a ofrecerse como ejemplo de sacrificio ante tanta humillación a la que ha de hacer frente la Iglesia por culpa de muchos de sus discípulos -ministros y fieles- que no son sino Judas dentro de los elegidos por el Señor, que incumplen con sus actos, con sus palabras envenenadas de la ponzoña de la misma víbora demoníaca, con sus enjuiciamientos basados en sus propios pareceres -o al haber hecho al entendimiento personal las enseñanzas y doctrinas del nazareno, del mismo Padre-.
En Francisco se presenta la palabra del Cristo, del ungido, del galileo que colmó las colinas para enseñar la nueva Ley.
Francisco toma su obligación, no como un cargo privilegiado, sino como una cruz y, con su ejemplo, insta a muchos cristianos a cumplir con aquella frase del sacrificio: "Toma tu cruz y sígueme".
sábado, 29 de marzo de 2014
Elegía del Cristo Viejo
La historia es tan variable como perenne cuando queda reflejada al socaire del tiempo. Los avatares del destino modifican el rumbo, como si de vientos enfrentados se tratara, que mueven la veleta sin dejar de marearla.
Hace no mucho, porque el tiempo es tan relativo como inflexible, se iniciaba un proyecto de formación en la ciudad. La hermandad vieja -desde el respeto y el cariño- de la Vera+Cruz se sumergía más allá de lo que nos tenía acostumbrados. De su frase "no cree necesario estrenar nada este año", que aparecía eterna en cualquier publicación cofrade cerca del Miércoles Santo, saltaban a asimilar una escuela-taller, con la que ya estaba cayendo en este país.
Esperanzas, ilusiones, buenas intenciones, compromisos, fotografías y firmas con apretones de manos que auguraban un próspero desarrollo y un feliz desenlace de un maridaje entre instituciones públicas y privadas que, en todo caso, esperaban ansiosos ver el fruto de esa inesperada unión.
Sea como fuere, al poco, aquella insospechada relación empezaba a dejar caer sus primeras lágrimas de la piedra que sustentaba su motivación.
Lágrimas del Cristo Viejo, repicar de campanas que tornaron en plañideras campanas de duelo.
La veleta crucera, se movía agitada en un campanario que, sin ver su casa por dentro, adivinaba que esa agitación no era señal de buen augurio. Los hermanos de la señera, veían con esperpento cómo las luces que antes daban brillo e iluminaban un camino sin una losa más alta que otra, se volvían lúgubres, tenebrosas... Y el camino se tornaba tortuoso.
Se hacía real el momento mismo que, cada atardecida del santo miércoles, llenaba de nubarrones el ya atravesado pecho de la madre dolorosa. Como en el mismo monte Calvario, el Mayor Dolor se reflejaba en el rostro de los que, con el corazón encogido por las dudas y el temor, veían morir la esperanza, la luz y el amor; veían expirar una obra, un sueño de fervor que dejaba desnudo el torso de un Cristo hecho capilla.
La plata vil, que sirviera para pagar a Judas el servicio hecho al Sanedrín entregando al nazareno, es la misma que lanceó el costado de la fe de unos cofrades entusiasmados. De la lanzada traicionera, salió sangre en forma de lágrimas que a borbotones manaban del costado herido.
Cálices de oro servían de recipiente en el cuál no desperdiciar el líquido vivo caído. Cálices de palabras de ánimo que recogían el pesar y el sentir de un Cristo Viejo, y guardaban con su recogido abrazo esa sangre de lágrimas derramadas.
"Y entre los que deseaban o no les importaban la muerte del herido lanceado, se sorteaban sus pertenencias, como buitres que arrancaban la carne del que yacía crucificado. Entre la multitud que contemplaba la escena, entre lo ruin y lo sarcástico, unos gritaban enfurecidos queriendo seguir lanceando, otros cortaban los harapos que habían sobrado, otros quedaban absortos en la escena cruel donde ultrajaban, ya muerto, al crucificado.
Telas de seda fina cosen para cubrir el cuerpo de un ensangrentado ajusticiado, que entre sus mismos discípulos, aquellos que lo habían alabado, aún reclaman que no sea enterrado, que su sufrimiento no acabe hasta que no esté destrozado.
En el duelo, Marías de San Fernando, las que hicieron el sudario, contemplan al Cristo Viejo como roto lo dejaron. Romanos que la sangre derramaron, fariseos que gritan al cielo replicando que no se les culpe de lo que está pasando. Santos pedros que niegan al Cristo Viejo haber amado y buscan que le liberen de ser por otros señalados. Buitres hacendados que se posan en la cruz de mármol, esperando poder seguir con su pico arrancando carne del Cristo Viejo que yace en su martirio colgado. Pilatos que se lavan las manos, que la justicia buscaron y juzgaron un culpable sin saber si también fue perjudicado.
Mayor Dolor del Cristo Viejo, con el corazón atravesado, un barrio que se queda huérfano de la devoción a su crucificado. Plaza del Santo Cristo, Vera+Cruz de los hermanos que tras su hábitos negros arrastran las cadenas del condenado.
Ya lo llevan trasladado a un sepulcro prestado, afligidos sus hermanos por verlo allí desahuciado. Amargura en el rostro de los que ven silenciosos cómo del corazón del barrio les han arrancado un trozo.
Que no se ha ido, que está en el tránsito lastimoso donde no le rezan sus hijos en la casa que fue su gozo. Que se trasladan errantes, buscando el responso que les sirvan de consuelo y alivien sus corazones llorosos, en la casa del hermano que los acoge venturosos."
Capilla del Cristo Viejo, con su cuerpo herido por dentro, con su piedra orgullosa por fuera que reclama lo que la historia de un pueblo le debe. Ahora te van a mostrar en la pena de tu abandono, dando clases de tu arte y tu importancia, recorriendo las venas endurecidas de tus muros lastimosos.
Triste destino el tuyo... ¡Ay, dolores del Cristo Viejo! Que te quieren mostrar vivo cuando ahora estás muerto.












