martes, 4 de marzo de 2014

Inmenso

Hoy me ha dado por lo cósmico, lo universal, lo misterioso, lo infinito, lo insondable, lo que nos repercute y lo que hay más allá de las repercusiones. Quien haya soportado mi escrito en mi blog de Facebook de hoy, podrá entenderme.

Entiendo que ante tanta letra uno pueda esgrimir la excusa del tostón (esto es, mucha letra y poco contenido). Por eso no me extendí más en aquella publicación. Aquí la retomo y expongo la segunda parte.

Segunda parte porque, en la primera, terminé con el comienzo de un motivo para sonreir. Un motivo para olvidarse, por unos instantes, de aquello que aplasta nuestra alma. Terminaba mirando la luna; una luna plena, clara, deslumbrante... Pero hay más. Hay mucho más que la luna. Hay todo un universo, un incierto infinito, donde todo aparece o desaparece y todo está perfectamente conjugado. Donde mueren estrella y nacen otras, donde las galaxias son oásis de increíble belleza, donde todo es inmenso e ínfimo a la par. ¿Es eso posible? 

Es posible. Cuando en este mundo nos agobian los pagos, el trabajo, las facturas, los bancos, las deudas... Donde nuestra vida gira en función a papeles rectangulares y trozos de metal circulares; donde nos influye más el rencor que el amor; donde somos hijos de un Dios que hemos hecho menor a costa de atribuírle actos ideados por los hombres. Cuando elevamos nuestra mirada al cielo, creamos o no en algo divino, buscamos evasión. Buscamos salir de esta Tierra. Buscamos paz. Buscamos reencontrarnos con nuestro más oculto y originario génesis. Buscamos el perdón. Buscamos algo que no hallamos aquí. Buscamos... Sin más. Y puede parecer que no, pero encontramos algo que no creeríamos poder encontrar; encontramos una salida. La salida. La salida de nuestros problemas. La salida de nuestra parte menos humana y más eterna. La salida que nos da oxígeno. La salida que nos ilumina. La salida que nos hace sonreir, suspirar o llorar. Es una salida breve, pero eficaz.

Al bajar la vista, hallamos justo aquello que dejamos atrás minutos antes. Lo que nos ahogaba. Lo que nos exaltaba. Lo que nos dolía. Lo que nos hacía sufrir. Y es como si hubiésemos despertado del sueño más bello que jamás hubiésemos tenido. Todo lo que nos atormentaba sigue aquí, no podemos huir de la realidad -aunque hay quienes lo logran, dicen-, sin embargo nos damos cuenta que no todo va a ser igual siempre. Que la vida es una gran ruleta, que lo que hoy es negro mañana puede ser rojo, que lo que hoy es un número sin más premio que la desolación, mañana puede ser un premio a la esperanza. 

Aprendamos que la mirada, cuando la bajamos del cielo infinito, no puede ir más allá de donde haya alcanzado antes con nuestra cabeza erguida. Sólo así podremos seguir adelante, no abandonar la esperanza y ser, aunque sea por un poco más, felices dentro de aquello que nos aturde.

Sed felices. Alzad la mirada.

lunes, 3 de marzo de 2014

El maletilla

Convulsión es lo que desde hace unos años remueve las tripas de este país. Unas tripas apretadas por el cinturón del "aguántate". Los unos -capullos por devoción- y los otros -pájaros de vuelo inseguro-, se enzarzan en luchas mediáticas arropados por el sumiso seguidor del pressing catch político al que estamos ya acostumbrados, peleas de mentiras y golpes de efecto premeditados. Lágrimas fingidas. Y en el exterior del ring, gritando  desaforadamente, queriendo ofrecer el alivio de la ayuda, el amigo fiel, el compañero salvador; ese que ofrece una mano mostrando su avidez por salir a pelear, pero que también sus golpes ya han sido ensayados antes.

Mientras, con pancartas de apoyo, sus incondicionales vitorean, animan, aupan en cánticos y aplausos a los protagonistas de la contienda. Uno, el malo; al que más rabia le tenemos, simplemente porque la organización del juego así nos lo marca. Cartelón en alto y... ¡Aplausos para uno! ¡Abucheos para el otro!

Es el circo de la política. Circo de leones, osos y serpientes ataviados de supuesta docilidad, pero que son auténticos depredadores si los dejas salir de sus jaulas. Esas jaulas de oro, de oro tuyo, mío... De oro que liman con sus garras esos buitres; aquellos cuervos que te sacan hasta los ojos cuando ya no te queda más carne, ni más plata que te alumbre. -"¿Bancos?" No. Buitres he dicho.

Y en este galimatías de intereses, de fondos públicos desfondados, de estancados -"¿Corruptos?" No. Estancados. Como el agua que se pudre e infecta a quien la bebe. Pues eso...

Como decía... Tras todo este entramado de mentiras enfundadas en progresía de perogrullo, en morales descuidadas, en honrados ladrones, salta al ruedo un maletilla. -"¿Pero no era esto un circo?" Sí. O un ruedo, donde las banderillas, los capotazos y las humillaciones sólo se las lleva el mismo cornudo. Y hete aquí al maletilla. Pero no vayamos, de momento, a otorgarle al espontáneo la vitola de torero. -"No entiendo". Pues verás, vamos a darle a ese valiente capaz de meterse entre pitón y pitón, por el momento, el papel de héroe insospechado. El maletilla no quiere matar al toro, quiere darle buenas cambiadas, un pase de pecho exponiendose al máximo posible y dar el golpe de efecto necesario para que la afición vea que otra forma de torear es posible y, como mucho, si llega, darle al toro una estocada imaginada, dejándolo con vida. Una mejor vida.

No. No me pillo los dedos. La política es lo que es: llevar al pueblo a capotazos. Y el maletilla aspira a ser un buen torero. Eso no hay que olvidarlo nunca. Pero hay que confiar en que tenga buenos lances, que sea capaz de sacarle partido al cornúpeto, que su trabajo sea tan encomiable que al toro le den el indulto.

Ese aprendiz. Esa querencia por ser maestro tiene nombre catalán y apellido en español. Puede ser que, como otros jóvenes de otros tiempos que soñaron con reverdecer la seca España, también se una al grupo de regaderas vacías. Al grupo de las promesas incumplidas. Al grupo del buenismo conformista. Al grupo de la crítica fiera, pero con dientes de plástico (perro ladrador...) Puede ser. Porque el poder convierte en ceniza cualquier joya.

Me extraño a mi mismo escribiendo esto. No apoyo a líderes políticos, ni soy devoto de partidismos. Creo que el poder del gobierno debe ser en consenso, y no un baile cada cuatro años. Soy de los que opinan que todos formamos parte del conjunto y el conjunto debe influir en cada uno. Sólo así entenderíamos la unidad del país y al país como unidad. Pero en este escrito me desquito de izquierdas y derechas y doy paso a la posibilidad, ¿porqué no?, de un país centrado, de una política coherente y de una democracia realista, fuera de la manipulación, incluso, de aquellos que dicen defenderla.



domingo, 2 de marzo de 2014

El balcón

Todo va cambiando poco a poco, o no. Van modificándose las cosas porque tiene un sentido que eso sea así. Se llama evolución. Quizás la evolución no sea a mejor, no tiene porqué, y al transcurrir del tiempo haya que volverse a lo que había antes o a modificar nuevamente.

Como quiera que voy ensayando, y ya se sabe que en esta vida todo es ensayo-error, pues... He aquí mi experimento. De momento cambio mi ubicación filosofal de la opinión por la paz y visión única que da un balcón. Un balcón adornado generosamente de geranios, que confieren a la paz, frescura y vitalidad. No se ven las cosas igual desde la atalaya inmejorable de una balconada. La torre vigía, el faro que alumbra las calles oscuras, el mirador inmejorable desde donde otear, fisgonear y pensar con la libertad y seguridad que te da tu propia casa.

Bienvenidos todos a mi balcón. Un pequeño habitáculo donde tienen cabida todos aquellos que quieran pasarse a mirar, con esa paz que decía antes, las cosas cotidianas que discurren por nuestras vidas. Si queréis, aquí tenéis una cómoda silla, un café o lo que queráis tomar, buen ambiente, y unas vistas únicas de nuestra realidad. Un lugar donde departir si se quiere, o simplemente donde divagar.

Aquí tenéis El Balcón. De nuevo, bienvenidos.

La tarde tranquila

Qué cosas... Cuando uno busca huecos para no callar, para decir lo que necesita, siempre encuentra el cómo y el momento. Hace poco encontraba uno, en un momento donde necesitaba escribir; ahora quiero seguir ampliando mis opciones y en "La tarde tranquila" sigo mi nueva aventura bloguera que iniciara en Facebook con "En mi opinión". ¿Diferencias? Bueno... Esencialmente ninguna, salvo la presentación y la modificación de la dirección de mi blog. Quisiera seguir contando con vuestra presencia, pues me resulta reconfortante y alentadora, porque un espacio donde exponer lo que uno cree, piensa, opina o siente, no sirve de nada si no hay a quién llegar. Quisiera que siguierais siendo vosotros esa meta, incluso ampliarla. ¿Porqué no?

Se que esto de escribir sobre lo que uno opina no es sencillo, ni de llevar adelante, ni de leer (por vuestra parte), porque implica exponer cosas interesantes y, de verdad lo digo, muchas veces me veo incapaz de ello, incluso se cuándo no lo consigo (Facebook es muy chivato). Por eso os quiero dar las gracias por estar ahí.

Gracias  
www.facebook.com/juanantoniocarrasclobo98