miércoles, 15 de octubre de 2014

De los amigos virtuales IV




Puñaladas traperas

Dudaba, pero no... Al final la trilogía se hizo saga, gracias a las sorpresas o al simple devenir de las redes sociales que, sin duda, dan para esto y más.

He comprobado -mejor dicho, corroborado-, cuán ignorantes somos respecto a los que nos complacemos en adoptar como compañeros por este espacio virtual del Facebook, Twitter y demás. 

- "¿¡Ignorante!? ¿¡Me ha llamado ignorante!?"-

¡Pues sí! ¡Ignorante, reitero! 

Sin duda, uno de los fundamentos de estas asociaciones no regladas, que son las redes sociales es compartir. ¡Lo que sea! Pero compartir. Porque ya sabemos que necesitamos darnos a conocer en nuestras múltiples facetas y a varios niveles buscando, casi siempre, el apoyo moral a nuestras percepciones, reivindicaciones, motivaciones y cuantos iones, protones y neutrones hagan falta. 

Empero, más de una vez chocamos con el muro de la discordia. Lo que dimos por sentado, comprensible, sin tacha, sin peros, se desmadeja, se deshilacha, se tambalea... Se trata de "la opinión del otro". Terrible, malintencionada, llena de puntos, sugerencias y preguntas que tratan de desbordar tu planteamiento. Entramos ahí en la zona de los combates escritos

El ring dispuesto (y lo has decorado tú) y eso parece un espectáculo de "Pressing Catch" (¿recuerdan?). Unos a favor, otros en contra y durante la contienda se van eliminando actores (por lo general aburridos de la polémica que, por otro lado, no iniciaron ellos y solo se sumaron por afinidad a cualquiera de las partes). 

En un momento dado, incluso tras haberse podido caldear la discusión ante un debate que, por tu parte, no creías podría organizarse, la batalla cesa. El mágico dedito del "ME GUSTA" surge, de vez en cuando,  a modo de tímido favor, para una u otra, pero sin la intención de meterse en líos. Queda una sensación algo amarga pues, en realidad, aquél mensaje que pretendías dar no ha causado el efecto previsto en su totalidad, pero claro... Son las consecuencias por exponer. Las divergencias son parte de nuestra capacidad para dirimir acerca de lo que creemos correcto o no, de lo que consideramos un imposible o algo posible de realizar, etcétera.

Surge una paz incómoda, sobre todo con quien ha surgido el enfrentamiento de posiciones, y de forma inesperada se enciende una luz roja. Una alarma -que es tu cara sorprendida y congestionada por lo imprevisto-, al ver cómo ese mismo afiliado (ver De los amigos virtuales I y II) ha puesto en público juicio, a espaldas tuya (sin tu expreso conocimiento al menos), tu deliberación personal, aquella que defendiste con ahínco. 

Puede decirse que al plantear algo en una página, muro o cuenta, nada es privado y por tanto no es susceptible de considerarse un "delito de traición a la intimidad", sin embargo sí puede considerarse el hecho de utilizar tus palabras en busca de algún tipo de rédito -cual sea- una puñalada trapera. Una mala jugada de quien, se supone, puede llamarse "amigo" (insisto en las dos primeras partes de esta saga).

Sin dudas es un acto hecho con mala fe, buscando la mofa hacia algo que es personal y debe ser respetado, en cuanto no agreda la racionalidad ni sea una constatada falta hacia la sociedad. Aquí se llega a ese punto donde, de nuevo, se piensa en una nueva limpieza de virus y demás detritus que infectan tus redes y te hacen sentir mal e, incluso, hasta hacerte enfermar (no pocas veces he escuchado a alguno decir que alguien, a través de Facebook o Twitter, le ha dado horrorosos quebraderos de cabeza).

Me planteo. ¿Hasta qué punto puede ser alguien tan ruin como para reírse de ti a tus espaldas? Siendo, además, un cobarde, incapaz de no haber sabido solventar las cosas sin tener que humillarte en su propia cuenta (quizás suene excesivo, pero está bien plasmada la frase). ¿Dónde queda el respeto por el pensamiento ajeno? ¿Quién es capaz, entonces, de dar lecciones? 

Parafraseando a Aquél: "Quien esté libre de falsedades que tire la primera piedra".

4 comentarios:

  1. Las puñaladas traperas de que las hay, las hay. Pero las cicatrices se pueden exhibir con orgullo.

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  2. Heridas de guerra. Siempre orgulloso de mostrarlas. Señal que se ha aprendido. Un saludo

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