miércoles, 1 de junio de 2016

Quererte pecar


Tus pestañas, orillas de sal;
tus ojos, salino mar;
tu cuerpo, isla salada, 
desnudo y ardiente arenal.

Tu mirada me atrapa,
no la quiero evitar;
tú, Sodoma y Gomorra;
yo, estatua por quererte pecar.





miércoles, 25 de mayo de 2016

Invadirte

Dí mi nombre, que quiero ver cómo se derrite entre tus labios, mientras tu lengua paladea cada letra mojada.

Dí mi nombre, que quiero sentirme embriagado del aliento que lo empuja extenuado.

Dí mi nombre tras los estertores de una guerra de pasiones, que quiero oír cómo alzas tu bandera blanca.

Dí mi nombre mientras, con los ojos cerrados, buscas con tu mano el arma de tu deseo; guerrera sin freno.

Dí mi nombre, dílo en el silencio; que al hacerlo sonará como una bomba que estalla en mis adentros.

Dí mi nombre. Tan solo susúrralo en el campo de batalla de sábanas tersas; que estoy ansioso por invadirte de nuevo.



viernes, 13 de mayo de 2016

lunes, 9 de mayo de 2016

domingo, 8 de mayo de 2016

Todo lo explícito


Contigo tendría beso explícito.
Mi lengua penetrando entre tus labios,
notando la humedad, al hundirme en ti, en tus músculos contraídos.

Contigo tendría nexo explícito. 
Mi cuerpo enganchado al tuyo,
palpando mis manos tu voluptuosidad,
con el deseo erguido 
mojado de tu rosáceo laberinto.

Contigo tendría anhelo explícito.
Mi pecho sobre tu espalda imagino,
mientras mi curiosidad alzada busca perderse, tras tus tersas caderas,
por el lujurioso y oculto camino.

Contigo sería todo lo explícito.
Ni un rincón de ti que dejar sin conquistar,
ni un palmo de tu piel sin paladear,
ni una postura sin probar;
todo contigo sería exquisito.



jueves, 5 de mayo de 2016

Mañana como ayer


Hoy te quiero como si no hubiese mañana;
y si hubiera un después, 
que sepas que antes ya te quería así:
sin conocimiento de causa.




lunes, 2 de mayo de 2016

Versos oxidados

Versos oxidados son aquellos que las lágrimas y los suspiros han creado.

Al leerlos te infectan del dolor de quien los escribió. 

Al recitarlos, sus estrofas saben a hierro; sangre de un herido corazón.

Al escucharlos duelen, porque hablan del sentimiento que se envenenó.

Versos oxidados son aquellos hechos de lágrimas y suspiros; alambres olvidados.


viernes, 29 de abril de 2016

Desahuciado


Me robaste el corazón, y ya no lo siento latir.

Me robaste los besos, incluso los que no eran para ti. 

Me has robado tanto amor que ya no tengo ni para sentir.


martes, 26 de abril de 2016

Desvarío



Digamos que no sé dónde dejar de mirarte.

Digamos que si fueses mar me ahogaría por amor.

Digamos que es fácil perderse en ti; por ti; contigo.

Digamos que la felicidad consiste en un <<solo los dos>>.

Digamos que tu mirada es fiebre, y el bálsamo tu voz.

Digamos que eres esa droga que se convierte en adicción.

Digamos que querer y amor no siempre es lo mismo: posesión y devoción.

Digamos que desvarío solo porque me he fijado en ti, y tú no sabes que existo.


domingo, 24 de abril de 2016

¿Para qué?


¿Para qué volar si ya estoy junto a ti?

¿Para qué alcanzar la luna si ya me ilumina tu sonrisa?

¿Para qué las estrellas si ya tengo el rielar de tu mirada?

¿Para qué las joyas si ya es mío tu corazón?

¿Para qué quiero más, dime, si contigo no me falta nada?






sábado, 16 de abril de 2016

Incoherencia


Respiraba mi corazón a ciento cuarenta pulsaciones por minuto, latían mis suspiros como si el aire me faltara.

Mi sangre pensaba como el rayo por mis venas, alterando mi mente ordenada

Mis ojos olían el perfume que tu cuerpo emanaba.

Mis oídos leían tu mirada que me susurraba.

Llegaste, y contigo llegó la incoherencia que mis sentidos perturbaba.


viernes, 15 de abril de 2016

El poder de tus ojos


¿Hasta dónde la mirada es llama que enciende, 
ola que desborda,
terremoto que remueve,
levante que te despeina el alma? 

¿Cuánto sería capaz de soportar, ay mortal, el batir de tus pestañas?

El poder de tus ojos, cuando en mí los clavas,
que es capaz de convertir mi razón, 
ay corazón,
en una zona devastada.


(📸 Estíbaliz Núñez)

miércoles, 13 de abril de 2016

Esqueleto


Quedaron los huesos. Quedaron los recuerdos; astillados, malheridos, descoloridos.

Quedó el esqueleto, semblanza inerte de la vida.

Quedaron las imágenes mudas, los momentos quietos, las historias sin voz; quedaron los tiempos dormidos.

Quedó la calavera, callado mausoleo mientras el mundo respira.


(📸 Jaime Ruiz) 

lunes, 11 de abril de 2016

La Sevilla de los viejos


Yo que vivo en Sevilla, que le he escrito versos y la quiero como se quiere a una gran amiga, confieso que es una ciudad encantada, pero llena de algoritmos que la hacen cerrada para quien la visita. No es tan abierta, sino que deja rendijas para ser vista. 

Sevilla, la de los tipismos, es la que se vende al exterior; pero existe esa otra que solo se conoce si se supera esa barrera emocional de la impresión. 

La Sevilla que yo adoro es la de los viejos; aquella que era sevillanía y no la del <<miarmerío>>, que es la que hoy prima.

Se podrá estar de acuerdo o no, pero para conocer la Sevilla sin milongas hay que ir más allá de esa ciudad que se quedó, sobre todo, con la falseta de su verdadera copla.




domingo, 10 de abril de 2016

Necesito el aire


He escuchado al aire susurrante, y creí que era el timbre de tu voz llamándome.

He olido al aire al traer primaverales fragancias, y creí que era el perfume de tu piel recién duchada.

He sentido al aire despeinarme, y creí que eran tus manos acariciándome.

He paladeado al aire cuando mi boca exhalaba, y creía que eran tus labios que me besaban.

He visto al aire mover las sábanas, y creí que eran tus deseos buscándome.

He comprendido que necesito respirar el aire tanto como sentirte, mi amada. 


sábado, 9 de abril de 2016

Cada renglón de tu cuerpo


Ese olor inconfundible, ese tacto; 
mi mirada, que es más lascivia que deseo, por poder abrir tu secreto; 
esa historia que solo tú y yo conocemos.

Ese deseo íntimo de perdernos el uno en el otro; de encontrarnos en nuestro  propio limbo, que es donde expiamos los pecados que cometemos a solas; 
tú dejando que me introduzca en ti, 
yo permitiendo que me hagas volar.

Ese poder volverte y acariciar con una mano tu piel de pergamino, 
mientras la otra recorre con el índice cada renglón de tu cuerpo.

El sueño empieza cuando, al cerrar los ojos, arden mis sentidos por volver a sentir tus palabras que despiertan mis ansias al tus hojas palpar. 






jueves, 7 de abril de 2016

Estrofas de primavera


Fresco el día, que la húmeda noche regalaba, había amanecido con las hojas de los árboles de lentejuelas de rocío bordadas.

Paseaba mis sentidos entre olores de recién mañana que aún se desperezaba; sol y luna se encontraban.

Sonreía mi alma. Mi ánimo se vestía de gala porque hoy quería salir a pavonearse frente a aquella vida que, a veces, deja sin ganas.

Fueron mis pies los que avisaron de lo que no me percataba: llovía. Mis pasos caminaban entre fingidas aguas de perfumadas fragancias.

Benditas lluvias de abril; benditas gotas blancas; benditos chaparrones que de pétalos encharcan los grises, y da color al mausoleo de las pisadas.

Sin paraguas negro aquella mañana, se aliaba la esperanza con aquellas guerrilleras estrofas de primavera que de ilusiones me mojaban.



domingo, 3 de abril de 2016

Cada renglón de tu cuerpo


Ese olor inconfundible, ese tacto, esa mirada que es más lascivia que deseo por poder abrir tu secreto; esa historia que solo tú y yo conocemos.

Ese deseo íntimo de perdernos el uno en el otro; de encontrarnos en nuestro  propio limbo, que es donde expiamos los pecados que cometemos a solas; tú dejando que me introduzca en ti, yo permitiendo que me hagas volar.

Ese poder volverte y acariciar con una mano tu piel suave, mientras la otra recorre con el índice cada renglón de tu cuerpo.

El sueño empieza cuando, al cerrar los ojos, arden mis sentidos por volver a sentir tus palabras que despiertan mis ansias al tus hojas palpar.

(La magia de un libro)


viernes, 26 de febrero de 2016

El silencio que nos habla

Silencio es la verdad que permanece callada, porque no nos gusta sus palabras.

Silencio es aquello que perturba, porque no estamos acostumbrados a escucharnos.

Silencio es la oscuridad y la paz que rompe el velo de los gritos, dejando sorda nuestra alma.


{Foto Antonio J. Ortega}

sábado, 20 de febrero de 2016

Soledad


A veces te busco, soledad, para escucharme a mí mismo.

No te creas que eres la menos deseadas de las circunstancias, querida codiciada.

Entre el gentío eres oasis; sombra en el desierto de los pensamientos perdidos.

No hay poesía mejor declamada que la paz del silencio cuando buscas, poeta, sus alas.

Huir del camino marcado sin importar que haya precipicio; escapar del cotidiano delirio.

A veces te busco, soledad, para encontrar mi propia vanidad.



(Imagen de Cádiz de Antonio J. Ortega)

lunes, 15 de febrero de 2016

Hoy es Lunes de Ramos

Hoy es el día del Vía Crucis del Consejo de Hermandades. ¡Y no tenía ganas ya! ¡No anhelaba ni nada encontrarme ese ambiente entre lo sentimental y lo devocional, inherente a todo cofrade que se precie!



Hoy voy a disfrutar como cuando era niño del balcón; de este balcón que se debate entre lo literario y la opinión personal en la tarde tranquila de un día de Cuaresma. 



Hablando de balcones, recuerdo cuando me asomaba al de mi tía Mari en su casa de la calle Almirante Cervera, frente al Cañón, a la asociación de cargadores  de San Fernando, La Trepá o el local de ensayo de la academia de la banda de música de la hermandad del Nazareno, cuando veía el discurrir de la cofradía de la Columna y contemplaba con sorpresa que el suelo que pisaba el Señor era un enlosado. Rememoro con cariño cuando me subía al estrado de piedra antigua en la casa de mi abuelo, en la Pastora, y veía, por fín, cara a cara al Cristo orante de los ojos verdes o al nazareno moreno de mi barrio.





Ay, Juan... Los años que han transcurrido ya de aquello; los mismos que cuando yo empezaba a alimentar el gusanillo cofrade con más celo. Y si mis titubeos en este mundo de las hermandades empezaron con mi querida del Ecce Homo, la primera que me vio trabajando para ella fue una recién nacida más allá de la huertachave, y de aquello hace ya tres décadas.





Treinta calendarios enteros, y parece que fue ayer mismo cuando a la incipiente cofradía de la Humildad y Paciencia se le ocurrió organizar su primer Vía Crucis en la cuaresma de 1988. Por entonces, para ello, solo podían ser expuestos a tal veneración crucificados. Y así se hizo; procesionando el que presidía la novísima parroquia.

Pero todo se ha engrandecido, y hasta qué punto. La humildad que la corporación del Domingo de Ramos siempre ha llevado a gala se ha convertido, por obra y gracia de su devoción, en algo de notable envergadura. Atrás quedaron ya las pértigas de madera anudada, las veneras de calamina -de las cuales conservo una en mi casa, y guardo con mucho cariño-; atrás quedó la paciencia de unos hermanos por ver crecer aquel germen que, de la mano del padre Pedro Nolasco, empezó a caminar sin prisas y sin pausas. 



Quedaron atras en esta fraternidad muchas circunstancias y personas que no deben ser olvidadas, porque hicieron realidad el hoy. Y hoy, qué cosas, se va a vivir un extraño Lunes de Ramos. Una feligresía que se volcará con su Cristo, un cortejo que buscará hacer su ofrenda al Santísimo donde siempre: en la Iglesia Mayor; que redoblará sus campanas para anunciar que ya está allí el Señor de la Ardila; que enfilará el dintel con la expectación de quienes le están aguardando, mientras suenan salmos dentro de la morada santa.



¡Sí señor! ¡Hoy es Lunes de Ramos! Y eso solo lo puede hacer posible un Cristo a la cruz agarrado. ¡Con coraje! ¡Con amor! Que viene llevado en volandas por el fervor de su gente. Y yo lo veré desde mi balcón hispalense al igual que, como cuando era pequeño, desde aquellos que ya no son sino recuerdos lejanos. 



Quién me iba a decir a mí -ay, los años- que desde la misma Sevilla iba a poder rezarle un día como hoy, a través de este ventanal, a mi Señor de la Humildad.




(Inágenes de Hermanos de la Misericordia, JCC, Hermandad de Humildad y Paciencia, varios autores y archivo personal)

jueves, 11 de febrero de 2016

Amada enemiga

Tienes a mi corazón bombardeándote versos que se disparan en cada latido, 
y en mi pecho explota -ay, bombas- 
tu mirada, tu sonrisa, tu voz, tus caricias, hasta el más pequeño guiño.

Tienes a mi alma en vilo,
esperando la artillería de tus besos 
para que hagas saltar en mil pedazos 
las trincheras de mis sentidos.

Tienes, amada enemiga, 
la bandera blanca ondeando mi rendición. Mi labios proclaman tu conquista; palpitan nerviosas mis manos alzadas mientras me entrego a tu delirio.

miércoles, 27 de enero de 2016

Soldado de letras






Mientras otros se declaran la guerra, yo me declaro en letras. En mí un estado de excepción; parapetos de versos para detener aquellas balas de odio cargadas.

No tengo más bandera que la voz que ondea en el asta de mi alma; no tengo más patria que aquella que limitan mis estrofas amuralladas.

De sentimientos es mi artillería, de poesía mi vanguardia y de prosa mi retaguardia; por aire y mar, bombas de libertad suspiran ser declamadas.

Son mis consignas las rimas inquietas que se alzan gritando contra jaurías domadas de biliosas miradas. Rabiosas armadas.

Mientras unos se declaran en guerra, yo me declaro soldado de letras; insumiso donde otros que hablan de paz han traicionado su palabra.

domingo, 24 de enero de 2016

Me ha dicho la luna

Me ha dicho la luna que la iluminas cuando te mira; que al sol deslumbras cuando ríes; que apartas las nubes cuando pestañeas; que revuelves al mar  solo con pisar su orilla.

Me ha dicho la luna que haces temblar la tierra cuando caminas; que al airear tu cabello los vientos se inquietan; que hasta el invierno te tirita.

Me ha dicho la luna que sin ti las noches no tienen vida; que desde su balcón de estrellas te espera para ver el rielar de tu sonrisa. 


(📸 C. Brihuega) 

viernes, 22 de enero de 2016

Sonrisas


La sonrisa es como la fragancia del azahar en primavera, como la fresca brisa en verano, 
como la hoja verde en otoño
como el calor en el invierno.

La sonrisa es como la lluvia en el desierto, como el descanso para el guerrero, como la luz en un oscuro agujero.

La sonrisa es como el llanto del recién nacido; como encontrar algo perdido. La sonrisa es el visitante que siempre es bienvenido.

No te pierdas, sonrisa, entre los labios contritos. ¡Huye! ¡Sal sin previo aviso! Felicidad del corazón cuando está herido.

(Juan Antonio Carrasco Lobo®)

sábado, 2 de enero de 2016

Volar


Ojalá mis pasos se dejasen llevar por el viento. Que mis zancadas fueran como el replegar de las alas y los caminos fueran el mismo cielo. 

Ojalá el pesado caminar fuera como alzar el vuelo. Que no hubiesen obstáculos que me detuvieran surcar océanos.

Ojalá mirase desde arriba hasta el suelo. Vencer la gravedad, alejarme de las redes y no ser cazado por depredadores de sueños.

Ojalá elevar la mirada y ver la inmensidad sin tenerle miedo. Dejarme acariciar el plumaje de los anhelos con el frescor de los aires nuevos, antes que se tornen allá abajo espesos.

Ojalá volar. Pero mientras seguiré aprendiendo cómo dejar el nido yermo.


 (📸 Jesús Mtnez) 

viernes, 1 de enero de 2016

Memorias de aquella Isla: Aquellos duros antiguos


Póngame un café... ¿Cuánto es?

- Uno diez

Y uno se toma el humeante néctar con el mayor gusto del mundo. Lee el diario, conversa con los parroquianos del local, trasiega en su teléfono móvil o, con total tranquilidad, solo disfruta del momento.

Con los años tan solo varían las formas; intentamos mantener las costumbres alterando lo necesario, según las circunstancias. Así yo, en mi miarmera ciudad de acogida, sigo conservando algunos de aquellos ritos de cuando vivía en La Isla. Por ejemplo, el del café. 



Me gusta detener mis pasos en lugares tan de aquí, que me parezca seguir tan allí. No sé si me explico. Esto mismo es lo que logra que, de cuando en cuando, la luz del recuerdo se encienda, como ahora.

Así hacía en uno de mis rincones favoritos, la plaza de San Lorenzo -donde Dios se hospeda en Sevilla-, y al pedir un cortado en El Sardinero, acudieron entonces mis visitas habituales al Horno Colón o a El Pescaíto, donde estuve trabajando para pagarme mi estancia como estudiante en la hispalense orbe. Al pedir la cuenta, Juani, el camarero, me dijo con amabilidad que era uno con veinte. De repente pensé, que qué pasada. ¡Doscientas pelas por una taza de un trago!

Como un rayo a mi mente vi aquellos carrillos situados de forma estratégica en las esquinas de plazas, colegios y calles de trasiego, como el de Juan Sisí en la Bazán, o el que se ponía en la esquina del antiguo bar "La plata", o en la alameda del Carmen, donde lo mismo te vendían un cigarrillo que chucherías, frutos secos, cartuchos de altramuces por dos duros; las tiendas del barrio de toda la vida, donde podías comprar pastelitos del "Un, dos, trespor cinco o, en el verano, pedías un vaso de La Casera por apenas uno; y aquellos benditos lugares, templos -como dije en alguna ocasión- del comercio y el bebercio, donde la tapa de chocos fritos, ensaladilla rusa, albóndigas, carne al toro y otras delicatessen, con bebida incluída, te salía por veinticinco duros.





Entonces, el Chulo costaba veinticinco pesetas, y fue casi un escándalo cuando lo subieron a treinta. Aquellos recreativos a los que iba, como el Saque bola, el Real o el Ancha (que era como para perderse), por esos mismos cinco duros echabas un ratito ameno en sus máquinas o futbolines. Un poco más caros eran los billares, pero eso era otro nivel.

Convivíamos con el pasado sin demasiados problemas; al reverso de las monedas lo mismo te encontrabas al rey Juan Carlos que al general Franco. Y nadie le hacía ascos a ninguno, ¿¡eh!? Que la pela es la pela.


Recuerdo el primer billete de mil pesetas que vi. Ahí, con apenas siete años, conocí a don Benito Pérez Galdós. En el colegio era inevitable que, en la lección de Literatura dedicada a los autores románticos del XIX, al hablar de Follas novas -con cachondeíto incluído- y Rosalía de Castro me acordase del morado de quinientas. Ese papel tan deseado que mi abuela o mis tatas me daban dobladitos hasta la extenuación, a lo que seguía la frase:

-Toma hijo... Esto para la hucha.



Allá por 1987 la rubia evolucionó. En los bolsillos aparecían las hexagonales (a pesar de ser circulares) de doscientas y las magníficas de quinientas. A la citada escritora gallega y a "Alas" Clarín empezamos, desde entonces, a verlos un poquito menos. De Juan Ramón Jiménez, Celestino Mutis y del rey de España, ya para qué hablar.





Era cuando ir a por un kilo de jamón serrano sin plastificar a casa Alfredo, a Ginés, a Alfonso, en plena calle Colón, o a La Cita costaba unas dos mil pesetas -como ahora, vamos-; o ir a alquilar alguna cinta al videoclub podía costarte desde cincuenta, según la novedad.



Entonces nacieron los primeros bazaresferreteríasjugueteríasdrogueríasperfumerías económicos; lugares donde encontrar casi, o sin casi, de todo desde una módica cantidad. Fueron las conocidas como  Todo a cien (vulgo la de los veinte duros). La mayoría regentada por familias marroquíes que tuvieron mucha vista comercial. Cualquier ciudad podía llamarse entonces la pequeña Ceuta.

Por cinco mil de aquellas ibas al Cobreros viejo -denominación que le llegó al construírse el nuevo, allá por las cercanías del Boquete-, y llenabas un carro; treinta euros puede costarte hoy solo el pasar por la pescadería del Mercadona

Por entonces los isleños íbamos por la plaza -la de abasto de toda la vida-, la de San Antonio, o el mercado de la Paz, las tiendas de barrio, el economato y, en el colmo del tipismo de ciudad marinera, -hablando de pescaderías- por esas improvisadas en la esquina de El 44, en la plazoleta de las Vacas o en las mismas puertas del barrio de Gallineras, por ejemplo.




Llegó un momento donde el sumun de las compras era ir al Pryca que nos trajo el que se consideró el mayor centro comercial de Andalucía: Bahía Sur. Qué carito era... Pero solo por poder ir a Galerías Preciados, en lugar de a Galerías Mónaco, merecía la pena cruzar el puente hacia Cañorrera. Anterior a este  enorme recinto a orillas de la bahía existió el Supercoop, ¿recuerdan? El primer gran recinto de la compraventa en La Isla.





Por aquellas calendas, tras haber entrado de lleno en la CEE en diciembre del año 86, ya se oía hablar de la moneda única europea a la que se le quiso poner nombre de tienda de ultramarinos: El ECU. Aunque sonaba lejos aún, terminó llegando. 



Y vaya si llegó: ¡El euro! Eso  sonaba algo mejor que lo otro. Entonces, los comerciantes y los clientes nos volvimos calculadoras en cada transacción. 

- Pepe, porme un cuarto de sharshishón

Son do sicuenta, Manolo.

Y Manolo soltaba las dos con cincuenta creyéndose que el céntimo era la peseta; y el primero ya valía tres veces lo que una sola de la segunda. 

En este juego de liar al personal, el tendero -ágil pensador- optó por ponérselo fácil al comprador, y equiparó precios y, entonces, el ya nombrado café pasó a costar ochenta céntimos, que en simple comparación parecían menos que cien pesetas.

¡Un chollo, sí señor! (Pensó el vendedor).

Ahí cambiaron las cosas y los bancos empezaron a instalarse a todo lo largo de la callerreal, porque hubo quien creyó que había que poner más cuentas corrientes que nuevos negocios en aquellos locales. Así La Isla, durante demasiado tiempo, fue un gran Monopoly con el que no supieron jugar.


Con el euro llegaron los chinos, con estos gastarse dos euros era -y es- una ganga, porque Mari -ahora la de la tienda cara-, tiene lo mismo a cinco. 

Con el euro, para ir al cine tenían que doblarte la paga en casa; las mijititas del bienmesabe del Ardean eran más codiciadas que nunca, porque en el cartel que Luis colgaba con los precios, un kilo de esta maravilla valía lo que un día de trabajo.

Con el euro mi pueblo parecía más pobre, porque cuando antes con un sueldo de cien mil pesetas respirabas, con seiscientos euros te ahogabas. Porque aún vivíamos en pesetas, pero ya pagábamos en el otro

Hoy, cuando hablo con mis hijos de mi niñez y les cuento que con cinco duros me compraba un paquete de pipas, un chicle, cinco caramelos Sugus, y una bolsita sorpresa en la tienda de Catalina (allá en las proximidades de la calle Jardinillo), o que un helado costaba solo quince céntimos de ahora y les intento explicar cómo eran las cosas antes, miro sus expresiones, entre anonadadas y dubitativas, y recuerdo que yo ponía la misma cara cuando mi padre me contaba aquello de las perras gordas y las perras chicas. 



¡Ay, aquellos duros antiguos!

(Imágenes de Leonor Montañés Beltrán, Yo paseo por La Isla (Facebook) y otros)